La cultura y la religión de los pueblos de la Tierra se
encuentran repletas de representaciones de universos psíquicos cargados con
increíbles matices y tonalidades, originados en los estados no ordinarios de conciencia.
Tanto Oriente como Occidente han tendido a incorporar en su
arte los símbolos y figuras vistos por los chamanes y los místicos durante sus
estados contemplativos. El psicólogo suizo Carl Gustav Jung descubrió hasta qué
punto los mismos modelos (arquetipos) se repetían una y otra vez en lugares tan
distantes como Europa, India, África y Norteamérica, lo que dio a su concepto
de Inconsciente Colectivo un carácter universal hasta entonces no imaginado. Un
clásico ejemplo es el mándala, el círculo guardián y protector que se ha
utilizado desde tiempos inmemoriales (los egipcios representaron con él a
Horus), y que Jung halló en las pinturas de sus pacientes que pasaban por experiencias
confusas y oscuras.
La sincronicidad, tan nombrada como incomprendida, más que
una explicación es una descripción objetiva del desarrollo de los fenómenos. En
la naturaleza se daban coincidencias significativas mucho más allá de lo que la
teoría de las probabilidades dictaba. En la mente de una persona podía aparecer
un pensamiento coincidente con el de otra persona, o se podía producir un hecho
físico vinculado con lo que alguien pensaba en ese momento, sin existir una
relación entre causa y efecto. Sin embargo la coherencia en su desarrollo hacía
ver entre los acontecimientos una relación sólo debida a su significado. No
existía transmisión o influencia, únicamente coincidencias reveladoras de un
orden natural que escapaba al conocido.
Jung especuló con la posibilidad de que
la sincronicidad se debiera a una manifestación de lo psicoideo, la capa
profunda del inconsciente, capaz de influir y modificar la realidad. Y es que
cuando se ahonda en los conceptos de Jung, el inconsciente parece ser una vía
de estructuración en lugar de un gran conjunto de datos archivados.
Al hablar de un orden natural que
escapa a nuestros conocimientos retornamos a la hipótesis animista original, y
es en este punto donde la teoría del colapso da sus primeros pasos.
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