Por
Miguel Ángel de Bernardi
“Dostoievski
marcó el clima espiritual de nuestra época”.
Mochulsky
En su momento se dijo que
Dostoievski fue un escritor de buenos sentimientos, dedicado a predicar el
Humanismo, la voz de la gente pobre, el vocero de los humillados y ofendidos.
Con estos títulos, que bien halagarían a un mediocre escritor de telenovelas,
neutralizaron el genio del maestro. No fue difícil. La gente acomplejada
reacciona de inmediato al melodrama ramplón y a las “virtudes” del corazón, no
a las de la mente.
Es triste que gran parte de la
psicología sólo haya explorado los terrenos de la impotencia y no se haya
preocupado por las extensiones de la grandeza. Es decir, gran parte de la
psicología está creada para la masa, para aquellos que piensan que el dolor y
el sufrimiento son castigo divino o el resultado de sus culpas y requieren una curación
a base de castigo.
No es extraño que durante el
régimen socialista, a Dostoievski se le haya etiquetado de “humanista” y
defensor de los pobres para así explotar su imagen “social”. Dostoievski fue un
Hombre más allá de la misericordia. Existió siendo uno de los mayores
pensadores de la humanidad. Sus contemporáneos no pudieron negar su talento,
aunque sí devaluarlo. Para defenderse de él, lo consideraron enfermo. Un gran
hombre con talento enfermo. Por fortuna los simbolistas de principios del siglo
XX, lo redescubrieron, dándole un sitio más inteligente, que ese de “vocero de
los humillados y ofendidos”.
Nació en 1821 y fue hasta
después de 1917 que sus predicciones comenzaron a convertirse en realidad. El
gran hombre de talento “enfermo”, aun después de su muerte seguía demostrando,
que así pasen los años, talento mata cualquier análisis timorato y deducción
pedestre.
Para comprender a Dostoievski,
es necesario entender sus orígenes. Su padre participó en la campaña rusa
contra Napoleón y posteriormente fue médico del Hospital Militar de Moscú.
Considerado un hombre de temperamento difícil, hosco, desconfiado y peleonero.
Por si fuera poco, constantemente sufría ataques de depresión. Era un borracho
que deambulaba entre la avaricia y la piedad, la sensibilidad y la crueldad. Justificaba
su vida siendo un trabajador infatigable. Cualquier relación con muchos hombres
del “hoy”, es mera coincidencia.
En 1827 obtuvo el rango de
asesor colegiado, lo que implicaba un estatus de nobleza hereditaria con
derechos patrimoniales y siervos. Fue dueño de dos aldeas: Darovoie y
Cheremoshnia, que más tarde aparece en “Los Hermanos Caramázov” como la Chermiasnia. Mucho de la obra de Fiódor, está
intrínseca en la vida de su padre.
Por parte de madre, Dostoievski
descendía de campesinos y comerciantes. Quizá algo de su afición por la
Literatura provenga de su bisabuelo materno, que caso con la hija de un
impresor familiarizado con los textos religiosos y filosóficos. La madre del
escritor, María Fiodórovna Necháieva, escribía Romanzas y leía Novelas.
Dostoievski nació un 30 de
octubre en un sanatorio para pobres. En el ámbito psicológico existe un dato
interesante. Tuvo ocho hermanos, pero dos definitivos. Mijáil, un año mayor que
él y Varvara, un año menor.
Sin duda su apellido es de
origen lituano. Siempre fue un niño enfermizo. Así transcurrió su vida. En su
adolescencia recibió brutales palizas. Él aceptó que escribiendo desnudaba sus
llagas para así poder acomodar su demonio y soportar el sufrimiento. Algo muy
similar a lo que ocurría con Kafka. Claro que mucha gente “desnuda” sus llagas,
aunque lo hace sólo por chantaje. No es raro. El chantaje es el síntoma
indiscutible de esa falta de talento, tan venerable en nuestra época.
Dostoievski convirtió la
confesión en un género artístico. La imaginación no fue su aliada. Quizá porque
él así lo quiso. Sin duda confiaba más en el poder de su memoria emotiva que en
el de su fantasía. Siempre escribió lo que personalmente había experimentado.
Según Mochulsky, el maestro vivió la Literatura. Es verdad lo que dice el
analista. Lo que también es cierto, es que la Literatura vivió en él.
Se sabe que en su infancia el
niño Fiódor, agobiado por el miedo y las pesadillas nocturnas acudió a la
alcoba de sus padres. Al llegar se encontró con una imagen traumática. Sin duda
lo que en esa ocasión vio fue una brutal escena sexual sadomasoquista entre sus
padres, que lo marcaría para siempre. A partir de ese momento él y su obra
quedaron señalados por la pasión y la sangre.
La mayor parte del público
actual, no sabe quien es Dostoievski. Otros más “cultos” lo conocen de nombre o
de “oídas”. La masa es, y trasciende a partir de la inconsciencia y las ofertas
del azar. Dostoievski no escribió para ser aceptado ni por la costumbre ni la
necesidad de la gente, creó para trascenderlas.
Es un escritor universal, pues
su pensamiento no hurgó en el Mercado, sino en la verdad. ¿En cuál verdad? En
la que él creó. La verdad se crea, al igual que la conciencia. La mentira se
cree, al igual que creemos y creamos la inconsciencia.
Fiódor Mijáilovich Dostoievski
nos da la posibilidad de entender como realidad, todo aquello que descubre
nuestra mente y el horizonte emotivo. Pare él, vivir fue asunto de talento, no
de realidad y mucho menos humanidad ramplona. Cuestión de emoción, de
temperaturas mentales y corporales.
Más tarde fue aquejado por la
epilepsia. Esto lo hizo profundizar en los abismos de su mente. ¿Cómo
trascendió aquel trauma primigenio? ¿Cómo trascendió su epilepsia? Me atrevo a
pensar que saliendo de su cuerpo, siendo el paisaje, la naturaleza. Más tarde
escuchando las voces del ambiente, reuniéndolas con las internas... por último,
siendo parte del todo, de esa gran energía a la que llamamos vida. ¿Cómo se
podrá corroborar está hipótesis? No con un ejercicio de psicología ni
motivación, sino de talento.
El gran maestro ruso nos enseñó
a vivir la vida a manera de paisaje, a entender la existencia de forma
monumental. Su obra, más que leerse, se ve y posteriormente se avizora desde la
percepción. En él, el talento es un detonante que nos señala los rostros
sensibles de la existencia y su concordancia con el ambiente del alma y el
mundo, hasta crear poesía.
En su literatura, el clima de
la mente de los personajes, es similar al de la Naturaleza y más tarde al del
lector. Es un pionero del estudio de las emociones humanas. Así lo demostró a
lo largo de su obra. A las emociones las destacó dándoles facetas más allá de
la simple patología clínica con la que ciertos autores creen forjar personajes
e historias.
Muchos creen que su obra es
producto de su vida tórrida, del sufrimiento y la epilepsia. Sin duda las
vivencias lo influyeron, pero ante todo, él siempre antepuso su talento.
Entendió que la realidad sólo es la muy particular percepción del mundo y no una
premisa materialista.
Nos hizo ver que para concebir
la realidad, antes debemos analizar nuestro mundo emotivo, recrearlo ayudados
por los personajes que viven en nuestra imaginación. Esos seres imaginarios que
habitan nuestra mente, viven emociones aparentemente ajenas, pero que al irse
desentrañando, guardan profunda empatía con nuestro sentir y pensar.
Dostoievski creyó en la magia
curativa de escribir. En su obra, de un momento a otro, paisaje y personajes
nos mueven y emocionan hasta convertirnos en seres pura imaginación, que sin
darse cuenta se han transportado a lugares distantes en tiempo y espacio. Al
adentrarse en su obra, el acto mágico se ha convocado. Ya los personajes se
involucraron con nosotros, incluso con ese otro que somos y no nos atrevemos a
ver. Es cuando el fluir emotivo comienza su acción depurativa, curativa, hechicera.
El arte se ha hecho.
Dostoievski lo sabía muy bien:
Se crea para aliviar. Así es el Arte. Se crea por el placer, que es el clímax
del alivio y la posibilidad del nuevo suceso trascendental. La Literatura y sus
millones de tramas, nos dan la oportunidad de ir profundizando en nuestro
espectro emotivo hasta encontrarnos con el intimo de nuestro ser. Con esa parte
sutil donde se generan las verdaderas emociones y pasiones y se renueva otra
vez el Suceso Trascendental.
Leyendo, nos leemos y
conocemos. Dostoievski a lo largo de sus tramas, nos descubre las motivaciones
profundas que mueven y motivan a sus personajes. Sus personajes no son
misterios, sino apertura. Una de sus grandes lecciones es muy apta para que la
entiendan los psicólogos, “intelectuales” y motivadores actuales: El paisaje
interno se comunica con el paisaje exterior. El clima resultante es la vida.
Olvidé apuntar que para entenderlo se requiere talento, no sólo datos clínicos
y mucho menos intelectuales.
Sólo a través de la creación es
que se entiende la interrelación del ser humano con su entorno y consigo mismo.
Siendo creadores: somos, existimos. Algunos estudiosos de la mente dedicados al
análisis de la obra del maestro, consideran que él y su trabajo creador, son
prueba incuestionable de que un Hombre que sabe manejar su talento creador,
puede acomodar a su antojo los fantasmas que lastiman su vida y convertirlos en
sublimes misterios o fascinantes realidades que en el dramatismo encuentran su
enlace sublime, convirtiendo la existencia, no en un dolor acumulado que cada
día pesa más, sino en constante experiencia de evolución que nos acerca a la
trascendencia fantástica.
Stefan Zweig, al estudiar la
obra y figura de Dostoievski, llegó a la conclusión de que para conocer a
“Dostoiweski” hay que vivirlo desde su interior. La deducción del biógrafo, por
obvia pierde brillantez, aunque no verdad. Nos recuerda que todo aquello que
nos ayuda a abrir las puertas de la percepción, es necesario vivirlo de dentro
hacia fuera. Convertirlo en una explosión emotiva, en un espasmo creador que
florecerá más allá del momento. Así se experimenta el talento y la capacidad
creadora: explotando en mil pedazos y dejando que el nuevo orden reacomode cada
una de nuestras partes. Tal y como ocurre en el orgasmo.
El creador es vorágine que
surge del centro mismo de su ser. Es importante señalarlo: talento es cuestión
de valentía. Es un instinto vital. No es el almíbar que nos han mostrado muchos
burócratas culturales y “cultos” de tertulia o escuelita, que así pretenden
lucir talentosos, sensibles e interesantes.
El mundo del arte está cargado
de mediocridad, pues falta arrojo para vivir el proceso creador. La energía
humana día a día se desecha lucubrando teorías para logran mayor productividad.
Lo timorato se impone y lo que es peor, se disfraza de éxito. Los “buenos
ciudadanos”, así como personajes de “Humillados y ofendidos” buscan comodidad,
para ya no atreverse.
En el hoy la gente “productiva”
no se aventura a leer, pues teme a la soledad. Los pobrecitos piensan que leer
es un acto de soledad. Argumentan que les duele la cabeza... así como le
ocurría al “Idiota”.
Según los psicoanalistas, vivir
es un milagro dialéctico donde crear y trascender son elementos cotidianos.
Obvio es que trascendencia no significa meta, logro final, diploma del curso de
superación; sino constante de vida. Compromiso con la existencia, no con la
productividad ni la “excelencia”. “Pobres gentes”, tan dura la vida y tan dura
su cabeza.
Viviendo el interior de los
personajes del maestro ruso, nos enteramos que una de las constantes vitales en
su obra es la superlativa elaboración de los traumas que lo marcaron durante su
infancia. Aquí descubrimos una gran paradoja del destino. Unos ansían saber,
para así sentir y otros sienten para saber... aunque abundan los que ignoran
para dejar de sentir y es tal su ignorancia, que consideran que indiferencia es
felicidad. ¿Será que “Los hermanos Karamoazov” perviven en la psique humana?
Dostoievski crea en el interior
de sus novelas una particular conciencia, que al involucrarnos en ellas, nos
inducen a la elección de ser y trascender. Apuntan los psicólogos que todo
encuentro es curativo. Los personajes de Dostoievski nos obligan a vivir, a
encontrarnos con ellos y atrevernos a ver esa locura que “cura”.
Claro que podemos negar a
Dostoievski y su verdad, para eso sólo nos basta echar mano de nuestra
inconsciencia. Vivir “Humillados y ofendidos”. Así como esos personajes que él
defendía, no porque los considerara maravillosos, sino porque creía que existen
mediocres, que sólo pueden aspirar a la misericordia.
Dostoievski logró trascender su
tiempo, pero no la ignorancia de los intelectuales de su época. Hoy infinidad
de “profesionales” de la mente, no conocen a Dostoievski. Para ellos no existe,
no saben que es y para “colmo”, no abunda en el Mercado librero, pues es un
producto que por su profundidad y talento, no interesa.
Durante la infancia del
escritor existía una gran lucha de poderes que se estableció entre la
brutalidad de la fuerza militar y la blanda capacidad de actuar y decir de los
intelectuales. Esa desigualdad de conflicto generó otro poder, el del
revolucionario: una mezcla entre pensador y soldado. Entre mártir y esclavo
sublime. Sería bueno retomar esa capacidad de ser revolucionarios. No
conformarnos con pensar y luchar aisladamente. Equilibrar al pensador con el
soldado y así enfrentarnos a la tolvanera de mediocridad que aqueja nuestra
época.
Por fortuna la claridad mental
de Dostoievski, logró sortear los obstáculos de su vida y su circunstancia.
Alcanzó los niveles de talento y lucidez que se requieren para ser un Clásico
de la Literatura... es decir... un escritor mega nombrado y nunca leído.
Publicado en la revista Origina
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