viernes, 13 de diciembre de 2013

Poe relatado por Baudelaire



Por: Miguel Ángel de Bernardi

El poeta Charles Baudelaire vivió apasionado por las letras. Además de ser un gran escritor, fue el crítico literario más importante de su tiempo y un insistente investigador de los “Paraísos Artificiales” y los recovecos del talento artístico.  

Se auto proclamó gambusino de la Literatura. Una de sus obsesiones fue encontrar plumas y pensamientos afines. Consideraba que al localizar escritores de ideas similares, podría establecer una sincronía estética y llenar el hueco existencial que siempre lo acechó, quizá desde su infancia desarraigada.

Leía todo lo que llegaba a sus manos, como si en ello le fuera la existencia. Un día, en su afán de practicar el inglés, lengua que le enseñó su madre, descubre a un escritor norteamericano, casi ignorado en su país y prácticamente desconocido en Europa. Al leerlo, Baudelaire se apasiona hasta el delirio. Por fin encuentra el diamante buscado desde niño, al fin halla el arraigo. Había descubierto para sí y para la Literatura Universal nada menos que a Edgar Allan Poe.

Baudelaire de inmediato dedujo que Poe era un Hombre fiel a su genio que no encontraba acomodo ni en la sociedad democrática ni en la aristocrática, tampoco en una república ni en una monarquía. Dedujo que Poe, al igual que él era un Hombre marcado por el sello de la soledad.

De inmediato se puso a investigar más de Poe. Lo que sabía de él, no le era suficiente. La investigación alcanzó los niveles de la obsesión. Fue entonces que decidió “escribir la historia de uno de esos ilustres desventurados. Demasiado rica en poesía y pasión, que ha venido, después de tantos otros, a hacer en este bajo mundo el rudo aprendizaje del genio entre las almas inferiores”.

“¡Lamentable tragedia la vida de Edgar Allan Poe! ¡Su muerte, horrible desenlace, cuyo horror aumenta con su trivialidad! De todos los documentos que he leído he sacado la convicción de que los Estados Unidos sólo fueron para Poe una vasta cárcel, que él recorría con la agitación febril de un ser creado para respirar en un mundo más elevado que el de una barbarie alumbrada con gas, y que su vida interior, espiritual, de poeta, o incluso de borracho, no era más que un esfuerzo perpetuo para huir de la influencia de esa atmósfera antipática”.

Al escribir eso de Poe, escribía su propia tragedia. Baudelaire no encontraba acomodo en ninguna parte, era ajeno a todo y a todos. Tal como él dijo de Poe, también estaba tocado por el “maldito sello” de la soledad.

Baudelaire supuso que Poe pudo ser un autor de dinero -a money making autor-. Ser aceptado por la sociedad mojigata de su tiempo, pero nunca se doblegó. Nunca aceptó ser como le ordenaban ser. La realidad es que al autor de las Narraciones extraordinarias, los editores le pagaban menos que a otros, pues aducían que escribía con un estilo demasiado por encima del vulgo y que la gente casi no lo leía, pues no alcanzan a entenderlo. Es decir, le reprochaban su cultura y el no confundirse con el vulgo.

Baudelaire aseguraba que la sociedad Norteamericana, había destruido el genio de Poe. “Uniendo la falta de inteligencia más abrumadora, a la ferocidad de la hipocresía burguesa, le han insultado a porfía, y después de su repentina desaparición, han vapuleado ásperamente ese cadáver”.


Al igual que el ejemplo de Poe, en el arte y en todos los campos de la vida, existen miles de seres que viven con el estigma de la incomprensión. El humano que decide no ser una copia de sus semejantes, aunque estos vivan sumidos en la tontería, padece la incomprensión y el desprecio tajante. De inmediato es tachado de loco o de enemigo. Es claro que el Hombre común sólo acepta a su igual y desprecia a quien se aventura a ser diferente. Es por eso que quien logra imponer un nuevo pensamiento, adquiere calidad de mártir, más tarde de héroe y por último de panfleto. 

Publicado en la revista Siempre

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