Por: Miguel Ángel de Bernardi
Tuve el gusto de charlar de manera relajada con este artista de lo práctico. Desde la década de los cincuentas, ha desarrollado una actividad
profesional ininterrumpida. Como urbanista se adentra en el ámbito de la
costumbre y sus conjuntos se integran al asombro de vivir. Como creador, su
obra alcanza los niveles del asombro.
Egresado de la antigua Academia de San Carlos de la UNAM, entre sus
aventuras creadoras está la de haber trabajado en el taller de Le Corbusier
(1947-48). Posee una especial capacidad para establecer contacto con el humano a
través de los espacios. Del urbanismo y la vivienda popular, salta a los grandes
edificios públicos y privados. Entre González de León y los arquitectos
tradicionales mexicanos, existen diferencias tan grandes que dan la impresión de
rupturas, pero sólo es su búsqueda y creación personal. Él no sigue ninguna
tendencia más allá de lo que le marca su cosmovisión.
Es autor de la Embajada de México en Brasilia. Su obra da la espalda a
las maneras tradicionales de diseñar. Rompe con la prudencia, con la elegancia
artificial, con la técnica de trabajar la obra como si fuera una miniatura. Es
académico emérito de la Academia Nacional de Arquitectura, miembro honorario de
la American Institute of Architects, miembro de número de la Academia de Artes,
miembro de la Academia Internacional de Arquitectura.
Al construir el edificio del Infonavit, se muestra como un arquitecto
de las horas, quizá en esta obra predomine la madurez del día, la labor y la razón
gozosa que se identifica con el trabajo cotidiano.
En 1982 Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1989 el Gran
Premio Latinoamericano de la Bienal de Arquitectura en Buenos Aires.
Al diseñar el Colegio de México, González León se muestra como un arquitecto
del saber. En sus espacios cohabitan con la ideas el cielo y la Tierra, hombres
y mujeres, plantas y animales. En el Museo Rufino Tamayo el espacio visual es
una forma de aprender y comprender, la más lúcida y la más válida.
El maestro es dos veces ganador del Gran Premio de la Academia
Internacional de Arquitectura en las Bienales de Sofía, Bulgaria, en 1989 y
1994.
Al crear el Museo de Sitio de Chichén Itza, González de León descubre y
puebla un mundo en el que pasado y presente luchan hasta encontrarse, se
despedazan y surgen nuevamente de sus cenizas. Su proyecto para la Universidad
Pedagógica Nacional, muestra el entusiasmo y abarca al lenguaje del gran
edificador. Sin duda para Gonzáles de León existen espacios masculinos y
femeninos, y de su conjugación nacen los edificios que resguardan la convivencia
y el estudio.
En 1996 se presentó su obra en el Museo Rufino Tamayo: “Ensamblajes y
Excavaciones” (1968-96). Ahí nos mostró su obra arquitectónica y pictórica. En su
proyecto del Centro de Cómputo de Nafinsa aparecen los contrastes entre los
materiales, que como si fueran varones y hembras, se colocan unos después de
otros y su proximidad se vuelve explosiva.
Al construir la Biblioteca Estatal de Tabasco logra que el calor
exasperante de Tabasco, se transforme en una lujuria que ansía saber de sus raíces.
En el Museo de Sitio de Tajín, iluminado los largos y oscuros rincones de la
historia prehispánica, definió al pueblo totonaco en conjunción con el actual México.
En el diseño del edificio del Fondo de Cultura Económica, marca una
forma de ver los lugares donde se crea la cultura. En el Conservatorio Nacional
de Música, ve los sonidos a través de sus ojos, convirtiéndolos en espacio de convivencia.
La Sala Mexicana del Museo Británico de Londres, es un espacio plácido y confortable
donde queda satisfecho el deseo de México y la emoción es una zona, como puede
ser la noche o el día. La Embajada de México en Belice, es un modelo resplandeciente
de la comunión caribe. Una alerta que nos recuerda que en la historia y la política,
también pervive el amor y el erotismo. Al ver su diseño del Corporativo Arcos
Bosques, encontramos una nueva postura y apuesta artística, donde el México calido
y sonriente, se transforma en coloso que no teme a las embestidas del Primer
Mundo. Ahí nuestro espacio se convierte en una columna que fecunda el cielo de
nuestra modernidad.
En la Remodelación del Auditorio Nacional y del edificio sede de El
Colegio Nacional, conjunta la funcionalidad con la audacia. Es claro que la visión
del maestro no tiene paralelo en su agudeza y elevación. Su arquitectura libera
la ancestral visión del encierro, tan insertada en nuestra naturaleza. Cada uno
de sus proyectos es un análisis lucido de la historia de México, búsqueda y
deseo de organizar una nueva identidad nacional, no diferente, sino auténtica;
acorde a nuestra grandeza de país libre. Su obra es un encuentro con el cosmos
urbano, un camino a partir de sensaciones y lugares de encuentro que se dan
para formar esa comunión perfecta que algunos fríamente llaman, urbanismo.
Desde el 28 de octubre de 1989, Teodoro González de León es miembro de
El Colegio Nacional, aunque desde hace mucho más, es miembro honorario de la
memoria emotiva de los mexicanos.
Publicado en Master Magazine
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