viernes, 13 de diciembre de 2013

Carta a Oscar Wilde.


Por: Miguel Ángel de Bernardi

Hola querido Oscar:

No me detengo en saludos, no son necesarios cuando las personas se vibran. Ayer cuando nos despedimos en el club, dejamos un tema inconcluso. Hablábamos de que muchas de tus obras existen gracias a la necedad de quienes te pedimos que escribas lo que por las noches nos cuentas entre copa y copa. La gente no lo sabe, pero gran parte de tu trabajo literario, es producto de tu apasionada conversación.

Antes que nada te diré que me halaga el haberte conocido. Recuerdo que un día perturbado por el placer que te producía hablar de… ti, me dijiste que no te conoces, que no sabes quién es Oscar Wilde. Aquí te narro un poco de lo que sé ti: Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde.

Recuerda que quien ve desde afuera la partida del ajedrez, siempre goza de la perspectiva de cada movimiento y por supuesto que cree adivinarlos todos. Lo más probable es que a mí eso me ocurra, pero no quiero dejar de decirte qué veo en ti. Espero que te resulte divertido y emocionante. En los genios como tú, la emoción supera a la idea, lo sabes y lo vives constantemente. Me lo has dicho muchas veces y yo lo veo y lo creo.

Es una aventura fantástica irrumpir en la vida de un artista como tú. Eres un hombre al que tus admiradores no le hemos permitido ser humano. Un Dios que no pudo ser Hombre. Empecemos de nada. Como primer enunciado te diré que tu nombre, Oscar, es en honor a tu padrino, el rey de Suecia y Noruega. Tu segundo nombre, Fingal pertenece a un héroe gaélico, padre Ossian y vencedor de los enemigos de Erin. O'Flahertie. Ya recuerdo, es un homenaje que tu madre rinde al primer historiador de Irlanda y Wills es un nombre céltico, ya que tú llevas sangre celta en las venas y en la imaginación.

Naciste en octubre de 1854. Es decir, tu signo es: Libra. Quizá estas lucubraciones astrológicas no te resulten culminantes, pero a pesar de ello, lo son. Confía en mí, o más bien, en los astros, que será como confiar en ti. Como es tu arriba, es tu abajo, reza el apotegma hermético y tú sabes mucho de eso.

Trataré de “traducirte” el lenguaje astral. Veamos... por el horario y fecha de tu nacimiento, tu intelecto es Escorpión, de gran profundidad intuitiva, aunque con necedad contundente y sarcasmo arrollador. Lo sé. A san Agustín y María Antonieta les ocurría lo mismo y no es casualidad. También fueron de intelecto Escorpión. Mente fascinante, aunque siempre ensimismada.

Para ti, Venus vibraba en Libra. Es decir, tu capacidad afectiva la basas en equilibrar: “para mirar en los otros, tu propia belleza”. Es por eso que sublimas a la gente que amas, para reflejarte en ella.

Marte transitando en Sagitario, Wilde. Interesante, ¿no te parece? Eso nos indica que buscas lo desconocido, aquello que es lejano a tu mentalidad, aunque no a tu percepción. En el retrato de Dorian, hablas hasta de los teponaztles mexicanos. Siempre buscas lo remoto, lo exótico. Eres un arquero que apunta al sol.

Júpiter rige tu área Capricornio. No se diga más, vives una fuerte disciplina intelectual, ayudada por la capacidad innata de expandir el conocimiento concreto. No repites lo ya sabido. Creas, mitificas y destruyes. Eres un creador incapaz de lo mediocre.

Sigamos: tu parte Saturno es gobernada por Géminis, lo que indica que tu status emocional siempre es contradictorio. Urano domina Tauro, lo que nos muestra que tu capacidad de cambio siempre la has cimentado en cuestiones terrenas, es por eso que te importa tanto vivir holgadamente en lo económico y la pobreza te destroza, aunque posees gran capacidad para apaciguar tus carencias creando un mundo afectivo maravilloso, aunque no muy satisfactorio. Mientras no posees poder económico, no te sientes libre, las limitaciones monetarias te atan, píes y manos, aunque no imaginación.

Para ti, Neptuno nada en Piscis, lo que nos habla de tu titánico sentido místico, no por eso menos soñador. Quizá de ahí te provenga el deseo de experimentar con alcohol y drogas. Nunca olvidaré las muchas noches que compartimos las locuras del whisky y las alucinaciones del ajenjo.

Continuemos. Wilde, Wilde, me doy cuenta que Plutón habita en Tauro. Esto nos indica que eres un hombre que ama la riqueza y cuando te es posible utilizarla para adquirir poder, lo haces. No es muy cristiano, pero tus ironías y sarcasmos le encantan hasta a Cristo.

Tu luna está en Leo, es por eso que los ciclos del satélite espejo te afectan tanto, tal y como le ocurría a Shakespeare. No hablo sólo en cuestiones emocionales, sino en asuntos del ego. De acuerdo a la intensidad de la luna es la intensidad de reconocimiento de tu ego.

Dejemos a un lado a los astros. Me enternece hablar contigo. Saberte tan cerca y tan distante. Ahora, te comentaré de algunos aspectos de tu vida. Hagamos uso de la psicología, que aunque no aclara ningún mito, sí es capaz de crearlos.

Fuiste el segundo hijo de Sir William Wilde, un célebre médico ortocirujano, arqueólogo, escritor; recuerda que escribió un libro capital en la ciencia médica: Cirugía del oído. Él era muy bajo de estatura y rostro simiesco. Que lejano a ti. Además fue desaliñado, promiscuo y engendró hijos fuera del matrimonio, lo que en tu época resultaba terrible.

Cuando tú cumplías diez años, él fue llevado a juicio. En aquel entonces dijiste que te encantaría pasar por lo mismo, pues daba notoriedad. También llegó a los tribunales, sólo que él, acusado de haber violado a pacientes después de anestesiarlas con cloroformo. ¿Lo recuerdas? Yo sé que sí. Los recuerdos de infancia siempre fueron definitivos en tu obra.

Esto no te va a gustar, pero tengo que decirte que repetiste la trayectoria de tu papá. Sin duda aquel enjuiciamiento a que fue sometido, influyó tu mente. Analízalo. Sé que eres lo suficientemente agudo para llegar a conclusiones profundas e interesantes. Sé que ver a tu padre enjuiciado, te escandalizó, pero más tarde demostrarías que para ti, el escándalo es una forma de notoriedad.

Tú siempre quisiste ser inmortal, eterno, así como Dorian. Tu mente intuyó el camino. Prefiero saber que cuando moriste en la ruina, más que sufrir, lograste intuir tu grandeza. Continuando con la psicología, te diré que cuando tu adorada hermana Isola Wilde, muere a los diez años, quizá recibiste el más duro golpe que te haya dado el destino. Esto aunado al desprestigio de tu padre, acelera la caída de tu familia. Un tiempo después, dos de tus hermanastras mueren en un baile, cuando a una de ellas se le incendia el miriñaque y la otra, tratando de auxiliarla, también se incendia. Muerte bufa, no por eso menos trágica. Quizá ahí fue que tu sensible mente relacionó baile, fiesta y desgracia. Así lograste tu adorada combinación de sarcasmo, donde la desgracia es risa y la risa inteligencia.

En ese momento tu padre se aisló. Sus pocos amigos le dejaron de importar, fue consumido por la depresión y acrecentó su necesidad de beber. No se sabe si murió de alcoholismo o simplemente porque no deseaba vivir. ¿Encuentras paralelismos o analogías con tu muerte?

Después de la muerte de tu padre, tu madre se proclamó feliz, aunque sin un centavo en la bolsa. Quizá de ahí tu idea literaria de que la pobreza purifica. Vayamos con tu madre. Jane Francesca Elgee. ¿Será que en momentos tomaste a tu madre en calidad de musa? No es raro, ocurre a menudo.

Viviste los arranques de tu madre cuando mostraba su extrema ambición, arrogancia, vanidad, todo aderezado por su dramática teatralidad. Sin duda fue una mujer excepcional. Alta, distante, inteligente, como tú. Representaba la asexualidad. Fue fría y resentida con el sexo masculino. Eso la llevó a casarse con un salvaje como tu padre. ¿Qué diablos hacía una mujer de esas características casada con un tipo como tu padre? Porque te aclaro que no casó obligada. La respuesta es sencilla, Speranza casó por status. Después, para ella el status resultó sinónimo de bienestar. ¿Acaso no te ocurría lo mismo? ¿Por qué te inclinas: astros o psicología?

“Los hijos heredan la estupidez de los padres”. ¿Recuerdas la frase? Regresando a ti, me enteré de que fuiste hijo no deseado, ya que Speranza, tu madre, quería una niña. Por ello te convirtió en la nena del hogar. Hasta los diez años fuiste vestido y tratado como niña. ¿Realmente fuiste homosexual o es que te obligaron a manifestar tu parte femenina en pro de la patología de la madre? Ya sé que después manifestaste una abierta tendencia homosexual, pues sentías que ahí encontrabas afecto, ya que en tu infancia, siendo femenino lograbas la aprobación de mamá.

Wilde, tu vida estuvo plena de idealización. Primero te hablé del juicio de tu padre, ahora de la idealización de la niña que te obligaron a ser. Cuando estuviste en prisión, escribiste de tu madre: “... ella es muy buena y muy indulgente... murió mientras yo estaba aquí, esto ha dejado un gran vacío en mi vida... siempre le tuve un profundo amor y una gran admiración. Es una mujer profundamente idealista. Yo no he conocido a nadie que tuviese una fe comparable a la de mi madre. Fue una de las grandes figuras del mundo”. ¿Muy buena? Vaya capacidad de idealizar. Tu madre fue un monstruo.

En De Profundis escribiste: “Una semana después me trasladaron aquí. Pasaron meses y murió mi madre. Nadie mejor que tú puede saber lo profundamente que la amé y veneré. Su muerte fue terrible para mí. Yo una vez fui dueño y señor del lenguaje, no tengo palabras para expresar mi angustia y vergüenza”.

¿Será que siempre viviste encarcelado? ¿Dónde o en qué? Me atrevo a decir que en la  brutalidad de tu padre y la locura de tu madre. ¿Qué es De Profundis? Eso, un escrito sublime y animal.

¿Hasta que punto tu energía inconsciente te llevó a la cárcel? ¿Cuál es el motor de esa materialización? En tu caso, supongo que la culpa. Culpa por no haber nacido mujer. Culpa que tratabas de enfrentar cuando te pusiste cara a cara con quienes te acusaban de sodomía.

¿No se te hace interesante que tu padre haya sido un gran médico otorrino y tú hayas muerto del oído? Pienso que nunca fuiste tú, que fuiste algo que tuviste que ser para ser aceptado. Un Dios que no pudo ser hombre. Siempre fuiste la búsqueda de lo que no es, pero tu vacío te indicaba que así alcanzarías lo sublime.

Vayamos con Willie, tu hermano dos años mayor que tú. Willie no fue rechazado por tus padres de manera tan tajante como tú. El fue el preferido de tu madre. Al igual que tu padre fue desobligado y alcohólico. No pretendió entrar al mundo Literario. Hubiera sido como retar a tus padres. Se conformó con ser periodista. Es decir, continuar con el vínculo, pero no trascenderlo, como hiciste tú. La relación con tu hermano se caracterizó por la envidia y el odio. Al igual que la relación que Wilde sostuvo con los escritores de tu época. ¿Wilde encontraba en los otros escritores a su hermano?

Un personaje interesante es tu hermana Isola. Tres años menor que tú. Murió a los diez años y al igual que a tu madre, la idealizaste. “Es un ser maravilloso, tan alegre, tan inteligente, es un rayito de sol”. Se te olvida que la tristeza y la soledad que sentías la sublimabas visitando constantemente su tumba.

La clave para entender tu estructura literaria es sencilla: trabajas los contrastes. Lo importante es que en ese enfrentamiento logras que la belleza surja. Ahí enfrentas lo sublime con lo vano. Dándole prioridad a lo vano, lo ridiculizas hasta convertirlo en paradoja. “Asesinamos a lo que más amamos”.


Oscar, tu vida, tal como tu obra, fue la idealización materializada. Con tu genio y tu tragedia lograste el dramático equilibrio entre lo grosero y lo culto, lo sutil y lo rudo, fuerza e inteligencia, materia y espíritu, fealdad y belleza, egoísmo y entrega. Gracias por eso, gracias por tus desequilibrios y por tu talento, Wilde. 

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