Por: Miguel Ángel de Bernardi
Beethoven fue un elegido del destino. Elegido
para la grandeza y por el dolor. Él creó su propio mito. Siempre considero que el
Arte es el instinto de la vida y así lo reflejó en su música. Su temperamento
pasional y atrabancado siempre despreció las tendencias estilísticas populares
y de moda. La suprema calidad expresiva de su música fue inspirada por la
poética de la pasión y el desprecio a los sobretonos programáticos de sus contemporáneos,
que sólo pretendían impresionar al público copiando a Mozart.
Beethoven era su estilo. No le importaba lo
que ocurría en los demás. Disfrutó como nadie el placer de ser diferente. El
éxtasis de no ser como alguien, de no igualarse a nada ni nadie ni buscar la
aceptación de sus semejantes. Él fue aceptado por sus propias pasiones y con
ello le bastaba. Ahí radicaba su madurez y vanguardia. Para él, lo único
importante en la vida era su apasionado heroísmo de vivir.
El ardiente maestro de los románticos, además
de ser conocido y reconocido por su música, también se recuerda por sus
explosivas pasiones "ocultas" y su fiero e independiente carácter,
que siempre le mantuvo lejos de la masa. Gracias a su iracundo éxito sobre la
adversidad, la Historia del heroísmo también lo recuerda con enardecida pasión.
Junto con Van Gogh, responde al modelo del héroe-artista, opuesto al
artista-artesano, que para ser aceptado, sigue los mandatos de la moda y de la
masa.
Quizá no sea importante para muchos saber que
nació el 16 de diciembre de 1770, en la corte provincial de Bonn, Alemania,
bajo el signo de Sagitario y que era hijo de un músico alcohólico, que trató de
convertirlo en un nuevo Mozart. Su abuelo, Ludwig y su padre, Johann, vivieron
con la frustración de "casi" el éxito. Ambos estuvieron al servicio
los príncipes electores Max Friedrich y Max Franz.
En su lucha por rebelarse a las imposiciones,
trató de no parecerse a Mozart, e incluso luchó por ser su opuesto. Beethoven
poseía un carácter tan recio y un talento tal, que a los 12 años ya era
asistente del organista Christian Gottlob Neefe, con quién estudió. En 1787 fue
enviado a Viena, pero debido a la enfermedad de su madre tuvo que volver a Bonn
inmediatamente. Al parecer la felicidad siempre estaba en su contra y opuesta a
su destino de músico. A él no le importó. Continúo adelante. Su madre murió
unos meses después. El acontecimiento lejos de amedrentar al Maestro, lo
endureció. En noviembre de 1792 deja por segunda vez Bonn para dirigirse hacia
Viena con la idea de estudiar nada menos que con el maestro, Franz Joseph
Haydn.
En Viena se mantenía dando conciertos,
enseñando piano y de la venta de sus composiciones. Los miembros de la
aristocracia fueron sus mecenas, y en 1809 tres de ellos: El Príncipe Kinsky,
el Príncipe Lobkowitz, y el Archiduque Rodolfo, le ofrecieron un ingreso anual
con la única condición de que se quedara en Viena.
Los estudios de contrapunto con Haydn y
Johann Albrectsberger mejoraron su manejo de la forma y la textura. En un
principio fue devoto seguidor del canon clásico de composición que le indujo
Haydn, pero no le satisfacía del todo. Descubrió que le resultaba frío. Pensó
que para alcanzar efectos de emotividad profunda, era mejor usar la estructura
de larga escala y no los eventos temáticos. A partir de ahí surge su
vanguardia. No con el vacío fin de ser diferente, si no con el de de encontrar
en lo desconocido, su propio camino.
Vivió períodos Tempranos, Medios y
Posteriores. Los tempranos se remontan aproximadamente hasta 1802, mostrando un
floreciente control del estilo clásico de Haydn y Mozart. Durante esta etapa
escribió para piano y conjuntos de cámara. Otra vez el temor a parecerse a
Haydn y Mozart lo inunda, por lo que explora a su manera el cuarteto, la
sinfonía, el oratorio, y la ópera. Así creó su primer cuarteto de seis cuerdas,
op.18, en 1798-1800, su primera sinfonía de 1800 y 1801 y un oratorio:
"Cristo en el Monte de los Olivos", en 1802-1803.
Su Período Temprano transcurre entre
1798-1803 y culmina con composiciones altamente dramáticas, que preparan el
comienzo del Período Medio. La Tercera Sinfonía (Heroica, 1803), la ópera
Fidelio (1803-05), el Waldstein (1804) y las sonatas Appassionata (1804). Todas
estas obras alcanzan el heroísmo. Muchos analistas de sobrada
"inteligencia" musical, le adjudican el cambio al inicio de su
sordera, aunque sin duda, es mejor pensar que son producto de su apasionado
talento, no de su cruel patología.
Su Periodo Medio se caracteriza por los
trabajos compuestos entre 1806 y 1812, donde lo heroico se alterna con la
serenidad majestuosa. Las sinfonías y obras de cámara de este período son las
sinfonías Cuarta (1806), Quinta (1805-07), y Sexta (1807-08); los conciertos
para piano número Cuarto (1805-06) y el Quinto (Emperador, 1809); los
Conciertos para Violín (1806); los Rasumovs; la Obertura Coriolana (1807); y la
música incidental para Egmont, un drama escrito por Goethe (1810). En 1812,
después de componer las sinfonías Séptima y Octava Beethoven entró en franca
apatía.
Los años 1813 y 1814, no son de gran
creación. Al comienzo de 1815 su música resulta menos dramática e
introspectiva. El primer grupo de trabajos en este nuevo estilo incluye el
ciclo de canciones "An die ferne Geliebte, op. 98" (A la Amada Distante);
la sonata para piano, op. 101 (1816); y las dos sonatas para violonchelo y
piano, op. 102 (1815). En estos trabajos (1820-22), y los cuartetos de cuerdas,
op. 127,130,131,132, y 135 (1824-26). En estas obras Beethoven ya se aleja por
completo del clasicismo de Haydn y Mozart y se interna en el liberal dramatismo
propio. Se siente atraído por la variación y la fuga, donde el tema surge
gradualmente y no es producto de la destreza estilística e interpretativa como
ocurría con Mozart. De pronto regresa al estilo Heroico, como en la Sonata
Hammerklavier, op. 106 (1817-18); la Missa Solemnis (1812-23); y la Novena
Sinfonía (Coral) (completada en 1823). Gracias sus trabajos triunfantes que
marcaron el comienzo de un nuevo período en su desarrollo estilístico supera
las crisis de ese momento y su música toma nuevo brío.
Fiel a su naturaleza romántica, el Maestro
siente gran atracción por las mujeres fuera de su alcance. Uno de los golpes
más fuertes que recibió fue el rompimiento de su relación con una mujer
"anónima", probablemente Antonie Brentano, la esposa de un amigo, a
la que Beethoven se dirigía en sus cartas como "La Amada Inmortal".
Ella fue una de sus grandes pasiones. El dolor de perderla agudizó su sordera.
Otra cosa que lo desquició, fue que debido a su mal, ya no podía tocar frente a
su público y por si fuera poco, requería de un cuaderno para conversar. Para
acrecentar su problema, en 1815 sobrevino la muerte de su hermano Caspar Carl,
lo que produjo un pleito legal de cinco años por la custodia de Karl, el hijo
de Caspar, entonces de 9 años.
Los últimos 30 años de la vida de Beethoven
estuvieron matizados por una serie de crisis pasionales y personales. La mayor,
fue el desarrollo de su sordera. Los primeros síntomas, notables para el compositor
ya antes de 1800, lo afectaron socialmente más que musicalmente. Su
desesperación, resignación y despecho están plasmados en las cartas que le
escribe a dos amigos en 1801 y en un documento dirigido a sus hermanos hacia
finales de 1802 y ahora conocido como el "Testamento de
Heiligenstadt".
Con su sobrino, Beethoven vio una última
oportunidad de formar el hogar que tanto había eludido. Años después, cuando
Karl cumplió los 20, el muchacho intentó suicidarse, lo que destrozó la salud
de Beethoven. Por ahí corre el mito de que Karl, era hijo del Maestro, pues la
que fue esposa de su hermano, se cree que antes fue amante de Beethoven y Karl
fue producto de esos amoríos. Esto sólo es un mito, aunque como buen mito,
produce cierta verdad emotiva.
El maestro del romanticismo y uno de los
hombres más intensos de la Historia murió el 26 de marzo de 1827 en Viena. Si
el inconsciente colectivo existe, sin duda Beethoven ha sido uno de los Hombres
que más apasionada y ricamente lo han alimentado. Muchas de sus obras lograron
impacto en la siguiente generación de compositores. La influencia de la
Séptima, se puede escuchar en la "Gran Sinfonía en C Mayor", de
Schubert, o la "Sinfonía Italiana" de Mendelssohn, "Harold en
Italia" de Berlioz, y la "Sinfonía en C" de Wagner. La Novena
tuvo mayor influencia. La combinación de fuerzas instrumentales y corales
dieron píe a varios trabajos sinfónicos híbridos, de Berlioz hasta Mahler. El
profundo efecto del talento del Maestro de las pasiones conmovió profundamente
a Bruckner y Brahms.
En su método de composición están basados
varios sistemas de análisis desarrollados por teóricos y pedagogos modernos. La
instrumentación de sus sinfonías, conciertos, sonatas y música de cámara lo han
colocado como uno de los mayores músicos de la historia.
El talento es tan poderoso que puede
alimentarse hasta de la patología. Varios de los mediocres que le rodearon
siempre le recriminaron su negativa a ser como los demás, por fortuna el
Maestro nunca les hizo caso. Ojalá la humanidad siempre recuerde con pasión al
heroico loco de Bonn, siempre ganado por la búsqueda de la pasión y el ansia
absoluta de ser él mismo.
Publicado en la revista Origina
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