Por: Miguel Ángel de Bernardi
Un pueblo sin Teatro es un pueblo sin verdad.
Este pensamiento sólo puede surgir en un hombre que día y noche respira Teatro. No es necesario
indagar mucho quién es, de inmediato se viene a la mente la imagen del maestro
Rodolfo Usigli, quien durante mas de cincuenta años luchó a brazo partido en
busca de enriquecer su talento y enaltecer la dramaturgia y la escena
mexicanas.
El maestro vivió una singular mezcla de
sangres y pensamientos. De madre polaca y padre italiano. Ella se llamaba
Carlota. Fue una mujer de gran fuerza. Las desventuras de la vida no la
asustaban. Así lo demostró cuando enviudó y tuvo que trabajar en humildes
oficios para sacar adelante a sus hijos. El Maestro, en homenaje a ella, Usigli
en 1960 escribió Las madres.
Rodolfo Usigli fue un niño que vivió en la
pobreza económica. Una vecindad de san Juan de Letrán fue su cuna. La ironía de
la vida después edificó ahí el cine Teresa. Durante su adolescencia se mantuvo
como taquígrafo. Sin ningún apoyo, de manera autodidacta adquirió una de las
culturas más admirables del siglo XX, no tan sólo en México, sino en toda la
lengua castellana.
Amante de las mujeres bellas, que siempre lo
despreciaron; asiduo parroquiano de los bares, cabarets y burdeles de la
ciudad. Frenético ejecutante de la más alta polémica intelectual e irónica,
disfrutó como nadie la amistad de Novo y más tarde el odio arrebatado que ambos
se profesaron.
Bastaba escucharlo hablar de Teatro, para
conocer y sincronizarse con su dramática pasión por todo. “...repruebo y
rechazo todo aquello que lo adultera o desfigura y traiciona y lo convierte en
un payaso barato y sin raíces o en una muñeca Pompadour o en una falsificación
con o sin mito”.
Para Usigli la vida era una batalla y un
constante diálogo dramático. Muchos lo consideran el dramaturgo de la
Revolución Mexicana. La hipocresía de la sociedad lo obsesionó a tal grado que
la mínima mentira lo exacerbaba. Él creía que el Teatro, al igual que la vida,
sirve para manifestar el mundo real, no el ficticio.
Su carrera en la diplomacia lo ayudó a viajar
y conocer el mundo, ese mundo que tanto lo exaltó y tan repetidas veces lo
rechazó. Su vida estuvo llena de búsquedas. Pocos lo saben, pero su devoción
por la palabra lo incitó a experimentar con la poesía, aunque su lucha por el arte dramático y la profunda relevancia de
su teatro, ha distraído a los estudiosos que han dejado a un lado su obra
poética. El Maestro en vida sólo publicó en 1938 un cuaderno de poemas en la
serie México Nuevo que dirigía Elías Nandino: “Conversación desesperada”.
Por
fortuna Usigli al final de su vida, recopiló sus trabajos poéticos escritos
entre 1923 y 1974, con la idea de
concebir un libro. Por desdicha no pudo verlo en las librerías, pues antes de
llegar la publicación, llegó la muerte. El maestro murió con la esperanza de que su
poesía fuera conocida y alcanzara el eco emocionado de los lectores. Tal era su ilusión, que dejó el
libro listo para la imprenta. Dos años
después de su fallecimiento, la UNAM, en sus textos de humanidades lo
dio a la luz. Así fue como en 1981 se publicó su único libro de poesía. “Tiempo
y memoria en conversación desesperada”.
Su obra poética nace en la nebulosa de la
memoria. Ese tiempo nublado que comparte con el lector y en complicidad
poética, transforma en luz y oscuridad emotiva. Usigli en sus versos cura y a
la vez conmueve las heridas del tiempo. Invoca al estado fuera de sí. Al
éxtasis y al arrebato. Enfrenta a las fuerzas de la pasión y el desprecio y con
una lógica inmutable; les da la identidad del sujeto cuya única finalidad es
alcanzar el amor, y en ese devenir, logra transformar la escritura en pasión y
la pasión en escritura. Su cuerpo reencarna a través de aquello que ahora sólo
es tiempo de olvido. Tiempo desesperado: Recuerdo de un espacio pasional que ya
no está. Su poesía, al igual que su teatro, posee un hondo dramatismo.
“Desterrado de mí mismo,
del hombre que fui de carne,
nada encuentro ya que encarne
mi sed de mujer abismo.
En soledad de istmo
La distancia en vano oteo:
Ninguna viajera veo
Que se acerque a la frontera
De esa patria que yo era
Fe, esperanza, amor, deseo”.
El maestro Rodolfo Usigli murió en la Ciudad
de México
en
junio de 1979, y sus palabras todavía estremecen el alma de quienes amamos al
arte escénico: “O teatro o silencio. O teatro o nada.” Sería un gran homenaje
leerlo y experimentar una visión dramática y estremecedora de la poesía.
Parafraseándolo diré que un pueblo sin poetas, es un pueblo sin realidad, aunque
si la paráfrasis persiste, quizá lleguemos a la conclusión de que un pueblo sin
lectores, es un pueblo sin vida.
Publicado en la revista Siempre
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