viernes, 13 de diciembre de 2013

Rodolfo Usigli, Poeta


Por: Miguel Ángel de Bernardi

Un pueblo sin Teatro es un pueblo sin verdad. Este pensamiento sólo puede surgir en un hombre que día y noche respira Teatro. No es necesario indagar mucho quién es, de inmediato se viene a la mente la imagen del maestro Rodolfo Usigli, quien durante mas de cincuenta años luchó a brazo partido en busca de enriquecer su talento y enaltecer la dramaturgia y la escena mexicanas.  

El maestro vivió una singular mezcla de sangres y pensamientos. De madre polaca y padre italiano. Ella se llamaba Carlota. Fue una mujer de gran fuerza. Las desventuras de la vida no la asustaban. Así lo demostró cuando enviudó y tuvo que trabajar en humildes oficios para sacar adelante a sus hijos. El Maestro, en homenaje a ella, Usigli en 1960 escribió Las madres.

Rodolfo Usigli fue un niño que vivió en la pobreza económica. Una vecindad de san Juan de Letrán fue su cuna. La ironía de la vida después edificó ahí el cine Teresa. Durante su adolescencia se mantuvo como taquígrafo. Sin ningún apoyo, de manera autodidacta adquirió una de las culturas más admirables del siglo XX, no tan sólo en México, sino en toda la lengua castellana.

Amante de las mujeres bellas, que siempre lo despreciaron; asiduo parroquiano de los bares, cabarets y burdeles de la ciudad. Frenético ejecutante de la más alta polémica intelectual e irónica, disfrutó como nadie la amistad de Novo y más tarde el odio arrebatado que ambos se profesaron.

Bastaba escucharlo hablar de Teatro, para conocer y sincronizarse con su dramática pasión por todo. “...repruebo y rechazo todo aquello que lo adultera o desfigura y traiciona y lo convierte en un payaso barato y sin raíces o en una muñeca Pompadour o en una falsificación con o sin mito”.

Para Usigli la vida era una batalla y un constante diálogo dramático. Muchos lo consideran el dramaturgo de la Revolución Mexicana. La hipocresía de la sociedad lo obsesionó a tal grado que la mínima mentira lo exacerbaba. Él creía que el Teatro, al igual que la vida, sirve para manifestar el mundo real, no el ficticio.

Su carrera en la diplomacia lo ayudó a viajar y conocer el mundo, ese mundo que tanto lo exaltó y tan repetidas veces lo rechazó. Su vida estuvo llena de búsquedas. Pocos lo saben, pero su devoción por la palabra lo incitó a experimentar con la poesía, aunque su lucha por el arte dramático y la profunda relevancia de su teatro, ha distraído a los estudiosos que han dejado a un lado su obra poética. El Maestro en vida sólo publicó en 1938 un cuaderno de poemas en la serie México Nuevo que dirigía Elías Nandino: “Conversación desesperada”.

Por fortuna Usigli al final de su vida, recopiló sus trabajos poéticos escritos entre  1923 y 1974, con la idea de concebir un libro. Por desdicha no pudo verlo en las librerías, pues antes de llegar la publicación, llegó la muerte. El maestro murió con la esperanza de que su poesía fuera conocida y alcanzara el eco emocionado de los  lectores. Tal era su ilusión, que dejó el libro listo para la imprenta. Dos años  después de su fallecimiento, la UNAM, en sus textos de humanidades lo dio a la luz. Así fue como en 1981 se publicó su único libro de poesía. “Tiempo y memoria en conversación desesperada”.

Su obra poética nace en la nebulosa de la memoria. Ese tiempo nublado que comparte con el lector y en complicidad poética, transforma en luz y oscuridad emotiva. Usigli en sus versos cura y a la vez conmueve las heridas del tiempo. Invoca al estado fuera de sí. Al éxtasis y al arrebato. Enfrenta a las fuerzas de la pasión y el desprecio y con una lógica inmutable; les da la identidad del sujeto cuya única finalidad es alcanzar el amor, y en ese devenir, logra transformar la escritura en pasión y la pasión en escritura. Su cuerpo reencarna a través de aquello que ahora sólo es tiempo de olvido. Tiempo desesperado: Recuerdo de un espacio pasional que ya no está. Su poesía, al igual que su teatro, posee un hondo dramatismo.

“Desterrado de mí mismo,
del hombre que fui de carne,
nada encuentro ya que encarne
mi sed de mujer abismo.
En soledad de istmo
La distancia en vano oteo:
Ninguna viajera veo
Que se acerque a la frontera
De esa patria que yo era
Fe, esperanza, amor, deseo”.

El maestro Rodolfo Usigli murió en la Ciudad de México en junio de 1979, y sus palabras todavía estremecen el alma de quienes amamos al arte escénico: “O teatro o silencio. O teatro o nada.” Sería un gran homenaje leerlo y experimentar una visión dramática y estremecedora de la poesía. Parafraseándolo diré que un pueblo sin poetas, es un pueblo sin realidad, aunque si la paráfrasis persiste, quizá lleguemos a la conclusión de que un pueblo sin lectores, es un pueblo sin vida.

Publicado en la revista Siempre

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