viernes, 13 de diciembre de 2013

Carta a Oscar Wilde.


Por: Miguel Ángel de Bernardi

Hola querido Oscar:

No me detengo en saludos, no son necesarios cuando las personas se vibran. Ayer cuando nos despedimos en el club, dejamos un tema inconcluso. Hablábamos de que muchas de tus obras existen gracias a la necedad de quienes te pedimos que escribas lo que por las noches nos cuentas entre copa y copa. La gente no lo sabe, pero gran parte de tu trabajo literario, es producto de tu apasionada conversación.

Antes que nada te diré que me halaga el haberte conocido. Recuerdo que un día perturbado por el placer que te producía hablar de… ti, me dijiste que no te conoces, que no sabes quién es Oscar Wilde. Aquí te narro un poco de lo que sé ti: Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde.

Recuerda que quien ve desde afuera la partida del ajedrez, siempre goza de la perspectiva de cada movimiento y por supuesto que cree adivinarlos todos. Lo más probable es que a mí eso me ocurra, pero no quiero dejar de decirte qué veo en ti. Espero que te resulte divertido y emocionante. En los genios como tú, la emoción supera a la idea, lo sabes y lo vives constantemente. Me lo has dicho muchas veces y yo lo veo y lo creo.

Es una aventura fantástica irrumpir en la vida de un artista como tú. Eres un hombre al que tus admiradores no le hemos permitido ser humano. Un Dios que no pudo ser Hombre. Empecemos de nada. Como primer enunciado te diré que tu nombre, Oscar, es en honor a tu padrino, el rey de Suecia y Noruega. Tu segundo nombre, Fingal pertenece a un héroe gaélico, padre Ossian y vencedor de los enemigos de Erin. O'Flahertie. Ya recuerdo, es un homenaje que tu madre rinde al primer historiador de Irlanda y Wills es un nombre céltico, ya que tú llevas sangre celta en las venas y en la imaginación.

Naciste en octubre de 1854. Es decir, tu signo es: Libra. Quizá estas lucubraciones astrológicas no te resulten culminantes, pero a pesar de ello, lo son. Confía en mí, o más bien, en los astros, que será como confiar en ti. Como es tu arriba, es tu abajo, reza el apotegma hermético y tú sabes mucho de eso.

Trataré de “traducirte” el lenguaje astral. Veamos... por el horario y fecha de tu nacimiento, tu intelecto es Escorpión, de gran profundidad intuitiva, aunque con necedad contundente y sarcasmo arrollador. Lo sé. A san Agustín y María Antonieta les ocurría lo mismo y no es casualidad. También fueron de intelecto Escorpión. Mente fascinante, aunque siempre ensimismada.

Para ti, Venus vibraba en Libra. Es decir, tu capacidad afectiva la basas en equilibrar: “para mirar en los otros, tu propia belleza”. Es por eso que sublimas a la gente que amas, para reflejarte en ella.

Marte transitando en Sagitario, Wilde. Interesante, ¿no te parece? Eso nos indica que buscas lo desconocido, aquello que es lejano a tu mentalidad, aunque no a tu percepción. En el retrato de Dorian, hablas hasta de los teponaztles mexicanos. Siempre buscas lo remoto, lo exótico. Eres un arquero que apunta al sol.

Júpiter rige tu área Capricornio. No se diga más, vives una fuerte disciplina intelectual, ayudada por la capacidad innata de expandir el conocimiento concreto. No repites lo ya sabido. Creas, mitificas y destruyes. Eres un creador incapaz de lo mediocre.

Sigamos: tu parte Saturno es gobernada por Géminis, lo que indica que tu status emocional siempre es contradictorio. Urano domina Tauro, lo que nos muestra que tu capacidad de cambio siempre la has cimentado en cuestiones terrenas, es por eso que te importa tanto vivir holgadamente en lo económico y la pobreza te destroza, aunque posees gran capacidad para apaciguar tus carencias creando un mundo afectivo maravilloso, aunque no muy satisfactorio. Mientras no posees poder económico, no te sientes libre, las limitaciones monetarias te atan, píes y manos, aunque no imaginación.

Para ti, Neptuno nada en Piscis, lo que nos habla de tu titánico sentido místico, no por eso menos soñador. Quizá de ahí te provenga el deseo de experimentar con alcohol y drogas. Nunca olvidaré las muchas noches que compartimos las locuras del whisky y las alucinaciones del ajenjo.

Continuemos. Wilde, Wilde, me doy cuenta que Plutón habita en Tauro. Esto nos indica que eres un hombre que ama la riqueza y cuando te es posible utilizarla para adquirir poder, lo haces. No es muy cristiano, pero tus ironías y sarcasmos le encantan hasta a Cristo.

Tu luna está en Leo, es por eso que los ciclos del satélite espejo te afectan tanto, tal y como le ocurría a Shakespeare. No hablo sólo en cuestiones emocionales, sino en asuntos del ego. De acuerdo a la intensidad de la luna es la intensidad de reconocimiento de tu ego.

Dejemos a un lado a los astros. Me enternece hablar contigo. Saberte tan cerca y tan distante. Ahora, te comentaré de algunos aspectos de tu vida. Hagamos uso de la psicología, que aunque no aclara ningún mito, sí es capaz de crearlos.

Fuiste el segundo hijo de Sir William Wilde, un célebre médico ortocirujano, arqueólogo, escritor; recuerda que escribió un libro capital en la ciencia médica: Cirugía del oído. Él era muy bajo de estatura y rostro simiesco. Que lejano a ti. Además fue desaliñado, promiscuo y engendró hijos fuera del matrimonio, lo que en tu época resultaba terrible.

Cuando tú cumplías diez años, él fue llevado a juicio. En aquel entonces dijiste que te encantaría pasar por lo mismo, pues daba notoriedad. También llegó a los tribunales, sólo que él, acusado de haber violado a pacientes después de anestesiarlas con cloroformo. ¿Lo recuerdas? Yo sé que sí. Los recuerdos de infancia siempre fueron definitivos en tu obra.

Esto no te va a gustar, pero tengo que decirte que repetiste la trayectoria de tu papá. Sin duda aquel enjuiciamiento a que fue sometido, influyó tu mente. Analízalo. Sé que eres lo suficientemente agudo para llegar a conclusiones profundas e interesantes. Sé que ver a tu padre enjuiciado, te escandalizó, pero más tarde demostrarías que para ti, el escándalo es una forma de notoriedad.

Tú siempre quisiste ser inmortal, eterno, así como Dorian. Tu mente intuyó el camino. Prefiero saber que cuando moriste en la ruina, más que sufrir, lograste intuir tu grandeza. Continuando con la psicología, te diré que cuando tu adorada hermana Isola Wilde, muere a los diez años, quizá recibiste el más duro golpe que te haya dado el destino. Esto aunado al desprestigio de tu padre, acelera la caída de tu familia. Un tiempo después, dos de tus hermanastras mueren en un baile, cuando a una de ellas se le incendia el miriñaque y la otra, tratando de auxiliarla, también se incendia. Muerte bufa, no por eso menos trágica. Quizá ahí fue que tu sensible mente relacionó baile, fiesta y desgracia. Así lograste tu adorada combinación de sarcasmo, donde la desgracia es risa y la risa inteligencia.

En ese momento tu padre se aisló. Sus pocos amigos le dejaron de importar, fue consumido por la depresión y acrecentó su necesidad de beber. No se sabe si murió de alcoholismo o simplemente porque no deseaba vivir. ¿Encuentras paralelismos o analogías con tu muerte?

Después de la muerte de tu padre, tu madre se proclamó feliz, aunque sin un centavo en la bolsa. Quizá de ahí tu idea literaria de que la pobreza purifica. Vayamos con tu madre. Jane Francesca Elgee. ¿Será que en momentos tomaste a tu madre en calidad de musa? No es raro, ocurre a menudo.

Viviste los arranques de tu madre cuando mostraba su extrema ambición, arrogancia, vanidad, todo aderezado por su dramática teatralidad. Sin duda fue una mujer excepcional. Alta, distante, inteligente, como tú. Representaba la asexualidad. Fue fría y resentida con el sexo masculino. Eso la llevó a casarse con un salvaje como tu padre. ¿Qué diablos hacía una mujer de esas características casada con un tipo como tu padre? Porque te aclaro que no casó obligada. La respuesta es sencilla, Speranza casó por status. Después, para ella el status resultó sinónimo de bienestar. ¿Acaso no te ocurría lo mismo? ¿Por qué te inclinas: astros o psicología?

“Los hijos heredan la estupidez de los padres”. ¿Recuerdas la frase? Regresando a ti, me enteré de que fuiste hijo no deseado, ya que Speranza, tu madre, quería una niña. Por ello te convirtió en la nena del hogar. Hasta los diez años fuiste vestido y tratado como niña. ¿Realmente fuiste homosexual o es que te obligaron a manifestar tu parte femenina en pro de la patología de la madre? Ya sé que después manifestaste una abierta tendencia homosexual, pues sentías que ahí encontrabas afecto, ya que en tu infancia, siendo femenino lograbas la aprobación de mamá.

Wilde, tu vida estuvo plena de idealización. Primero te hablé del juicio de tu padre, ahora de la idealización de la niña que te obligaron a ser. Cuando estuviste en prisión, escribiste de tu madre: “... ella es muy buena y muy indulgente... murió mientras yo estaba aquí, esto ha dejado un gran vacío en mi vida... siempre le tuve un profundo amor y una gran admiración. Es una mujer profundamente idealista. Yo no he conocido a nadie que tuviese una fe comparable a la de mi madre. Fue una de las grandes figuras del mundo”. ¿Muy buena? Vaya capacidad de idealizar. Tu madre fue un monstruo.

En De Profundis escribiste: “Una semana después me trasladaron aquí. Pasaron meses y murió mi madre. Nadie mejor que tú puede saber lo profundamente que la amé y veneré. Su muerte fue terrible para mí. Yo una vez fui dueño y señor del lenguaje, no tengo palabras para expresar mi angustia y vergüenza”.

¿Será que siempre viviste encarcelado? ¿Dónde o en qué? Me atrevo a decir que en la  brutalidad de tu padre y la locura de tu madre. ¿Qué es De Profundis? Eso, un escrito sublime y animal.

¿Hasta que punto tu energía inconsciente te llevó a la cárcel? ¿Cuál es el motor de esa materialización? En tu caso, supongo que la culpa. Culpa por no haber nacido mujer. Culpa que tratabas de enfrentar cuando te pusiste cara a cara con quienes te acusaban de sodomía.

¿No se te hace interesante que tu padre haya sido un gran médico otorrino y tú hayas muerto del oído? Pienso que nunca fuiste tú, que fuiste algo que tuviste que ser para ser aceptado. Un Dios que no pudo ser hombre. Siempre fuiste la búsqueda de lo que no es, pero tu vacío te indicaba que así alcanzarías lo sublime.

Vayamos con Willie, tu hermano dos años mayor que tú. Willie no fue rechazado por tus padres de manera tan tajante como tú. El fue el preferido de tu madre. Al igual que tu padre fue desobligado y alcohólico. No pretendió entrar al mundo Literario. Hubiera sido como retar a tus padres. Se conformó con ser periodista. Es decir, continuar con el vínculo, pero no trascenderlo, como hiciste tú. La relación con tu hermano se caracterizó por la envidia y el odio. Al igual que la relación que Wilde sostuvo con los escritores de tu época. ¿Wilde encontraba en los otros escritores a su hermano?

Un personaje interesante es tu hermana Isola. Tres años menor que tú. Murió a los diez años y al igual que a tu madre, la idealizaste. “Es un ser maravilloso, tan alegre, tan inteligente, es un rayito de sol”. Se te olvida que la tristeza y la soledad que sentías la sublimabas visitando constantemente su tumba.

La clave para entender tu estructura literaria es sencilla: trabajas los contrastes. Lo importante es que en ese enfrentamiento logras que la belleza surja. Ahí enfrentas lo sublime con lo vano. Dándole prioridad a lo vano, lo ridiculizas hasta convertirlo en paradoja. “Asesinamos a lo que más amamos”.


Oscar, tu vida, tal como tu obra, fue la idealización materializada. Con tu genio y tu tragedia lograste el dramático equilibrio entre lo grosero y lo culto, lo sutil y lo rudo, fuerza e inteligencia, materia y espíritu, fealdad y belleza, egoísmo y entrega. Gracias por eso, gracias por tus desequilibrios y por tu talento, Wilde. 

Teodoro Gonzalez de León



Por: Miguel Ángel de Bernardi

Tuve el gusto de charlar de manera relajada con este artista de lo práctico. Desde la década de los cincuentas, ha desarrollado una actividad profesional ininterrumpida. Como urbanista se adentra en el ámbito de la costumbre y sus conjuntos se integran al asombro de vivir. Como creador, su obra alcanza los niveles del asombro.

Egresado de la antigua Academia de San Carlos de la UNAM, entre sus aventuras creadoras está la de haber trabajado en el taller de Le Corbusier (1947-48). Posee una especial capacidad para establecer contacto con el humano a través de los espacios. Del urbanismo y la vivienda popular, salta a los grandes edificios públicos y privados. Entre González de León y los arquitectos tradicionales mexicanos, existen diferencias tan grandes que dan la impresión de rupturas, pero sólo es su búsqueda y creación personal. Él no sigue ninguna tendencia más allá de lo que le marca su cosmovisión.

Es autor de la Embajada de México en Brasilia. Su obra da la espalda a las maneras tradicionales de diseñar. Rompe con la prudencia, con la elegancia artificial, con la técnica de trabajar la obra como si fuera una miniatura. Es académico emérito de la Academia Nacional de Arquitectura, miembro honorario de la American Institute of Architects, miembro de número de la Academia de Artes, miembro de la Academia Internacional de Arquitectura.

Al construir el edificio del Infonavit, se muestra como un arquitecto de las horas, quizá en esta obra predomine la madurez del día, la labor y la razón gozosa que se identifica con el trabajo cotidiano.

En 1982 Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1989 el Gran Premio Latinoamericano de la Bienal de Arquitectura en Buenos Aires.

Al diseñar el Colegio de México, González León se muestra como un arquitecto del saber. En sus espacios cohabitan con la ideas el cielo y la Tierra, hombres y mujeres, plantas y animales. En el Museo Rufino Tamayo el espacio visual es una forma de aprender y comprender, la más lúcida y la más válida.

El maestro es dos veces ganador del Gran Premio de la Academia Internacional de Arquitectura en las Bienales de Sofía, Bulgaria, en 1989 y 1994.

Al crear el Museo de Sitio de Chichén Itza, González de León descubre y puebla un mundo en el que pasado y presente luchan hasta encontrarse, se despedazan y surgen nuevamente de sus cenizas. Su proyecto para la Universidad Pedagógica Nacional, muestra el entusiasmo y abarca al lenguaje del gran edificador. Sin duda para Gonzáles de León existen espacios masculinos y femeninos, y de su conjugación nacen los edificios que resguardan la convivencia y el estudio.

En 1996 se presentó su obra en el Museo Rufino Tamayo: “Ensamblajes y Excavaciones” (1968-96). Ahí nos mostró su obra arquitectónica y pictórica. En su proyecto del Centro de Cómputo de Nafinsa aparecen los contrastes entre los materiales, que como si fueran varones y hembras, se colocan unos después de otros y su proximidad se vuelve explosiva.

Al construir la Biblioteca Estatal de Tabasco logra que el calor exasperante de Tabasco, se transforme en una lujuria que ansía saber de sus raíces. En el Museo de Sitio de Tajín, iluminado los largos y oscuros rincones de la historia prehispánica, definió al pueblo totonaco en conjunción con el actual México.

En el diseño del edificio del Fondo de Cultura Económica, marca una forma de ver los lugares donde se crea la cultura. En el Conservatorio Nacional de Música, ve los sonidos a través de sus ojos, convirtiéndolos en espacio de convivencia. La Sala Mexicana del Museo Británico de Londres, es un espacio plácido y confortable donde queda satisfecho el deseo de México y la emoción es una zona, como puede ser la noche o el día. La Embajada de México en Belice, es un modelo resplandeciente de la comunión caribe. Una alerta que nos recuerda que en la historia y la política, también pervive el amor y el erotismo. Al ver su diseño del Corporativo Arcos Bosques, encontramos una nueva postura y apuesta artística, donde el México calido y sonriente, se transforma en coloso que no teme a las embestidas del Primer Mundo. Ahí nuestro espacio se convierte en una columna que fecunda el cielo de nuestra modernidad.

En la Remodelación del Auditorio Nacional y del edificio sede de El Colegio Nacional, conjunta la funcionalidad con la audacia. Es claro que la visión del maestro no tiene paralelo en su agudeza y elevación. Su arquitectura libera la ancestral visión del encierro, tan insertada en nuestra naturaleza. Cada uno de sus proyectos es un análisis lucido de la historia de México, búsqueda y deseo de organizar una nueva identidad nacional, no diferente, sino auténtica; acorde a nuestra grandeza de país libre. Su obra es un encuentro con el cosmos urbano, un camino a partir de sensaciones y lugares de encuentro que se dan para formar esa comunión perfecta que algunos fríamente llaman, urbanismo.

Desde el 28 de octubre de 1989, Teodoro González de León es miembro de El Colegio Nacional, aunque desde hace mucho más, es miembro honorario de la memoria emotiva de los mexicanos.


Publicado en Master Magazine

Enrique Norten El nuevo lenguaje de la arquitectura internacional

Enrique Norten
El nuevo lenguaje de la arquitectura internacional
Por: Miguel Ángel de Bernardi

El mexicano Enrique Norten ganó el concurso mundial de proyectos para la construcción de la biblioteca pública de las Artes Visuales y Escénicas de Brooklyn, en Nueva York. Michael Bloomberg, alcalde de esa ciudad, dio a conocer el veredicto, donde un jurado con personajes del nivel de Terrence Riley, curador de arquitectura del Museo de Arte Moderno de Nueva York, considera que el proyecto del mexicano y TEN, su compañía de arquitectos, supera al de cinco de los más reconocidos artistas de la arquitectura mundial. Entre ellos el norteamericano Frank O. Gehry, creador del Museo Guggenheim de Bilbao y el francés Jean Nouvel, diseñador de la ópera de Lyon.

La construcción de la biblioteca de Brooklyn tendrá un presupuesto de unos 75 millones de dólares realizándose sobre una superficie triangular de 7000 metros cuadrados. Norten pensó en el vidrio como material esencial de una nave transparente que “surcará” entre el ajetreo de los neoyorkinos.

En el edificio, en el plano ya resulta impresionante, cuando esté realizado el proyecto, será una de las puntas de la vanguardia arquitectónica mundial. Se espera que la Biblioteca Pública de las Artes Visuales y Escénicas, sea un espacio cultural de gran relevancia, no sólo en Nueva York, sino de los Estados Unidos. Así lo demuestra la convocatoria y la agitación que provocó el concurso de selección de proyectos.

Norten es un arquitecto joven nacido en 1954 en la ciudad de México. Graduado en la Universidad Iberoamericana y de la Cornell. En 1998 fue premiado por la Fundación Mies van der Rohe de Barcelona. En la Universidad de Pennsylvania imparte la cátedra Miller. Ahora se desempeña como académico en Harvard y Michigan.
La obra minimalista de Enrique Norten, es la de un moderno caballero cruzado, que en el “desierto” urbano surge del cristal, el acero, el concreto, la grandeza y ese afán de ir más allá de lo tradicional, no con el empeño de tocar el cielo, sino de rescatar los lugares de cultura y vitalidad de las urbes, incitando a la gente a ser parte de ese remanso de paz y placer que otorga la cultura. Su obra se levanta sobria y a la vez monumental, usando materiales contemporáneos que conjugan funcionalidad, fuerza, belleza, contacto y propician la acción e interacción de la comunidad.
Es considerado un maestro de la luz y el espacio. En México es autor del Centro Nacional de las Artes, en Estados Unidos del estacionamiento de la Universidad de Princeton. Actualmente realiza proyectos de renovación urbana en Baltimore, Maryland y los muelles de Harlem. También es de los arquitectos seleccionados para presentar un proyecto de restablecimiento en el “Espacio 0”, lugar que dejó la catástrofe de las Torres Gemelas de Nueva York.
Su punto creativo es la búsqueda, la investigación de los materiales, la luz y la línea recta. Su pasión es crear espacios que permitan a la gente interactuar con la esencia de los lugares y estrecharse con su cultura: que la gente se armonice con los espacios arquitectónicos sin dejar de ser ella misma.
Norten ha dejado atrás la tendencia de rasgos “mexicanos” minimalistas de texturas coloridas que puso de moda Barragán. Su material preferido es el concreto, el vidrio y el acero de alta resistencia. Considera que gracias al vidrio, los lugares culturales, mantienen un estrecho contacto con la comunidad. Están vivos y presentes. Comenta que la arquitectura mundial está dividida en circuitos: el estadounidense, el europeo y el japonés. De un tiempo acá, la arquitectura mexicana se ha inscrito de manera relevante en esos circuitos. Los arquitectos mexicanos entienden como pocos la modernidad. Así lo demuestran las obras de Pedro Ramírez Vázquez, constructor del museo olímpico de Lausana, en Suiza, de Teodoro Gonzáles de León, con su Embajada de México en Berlín y Ricardo Legorreta con su sobria biblioteca de San Antonio Texas.


Enrique Norten es un orgullo para todos los mexicanos y una muestra de que estamos más cercanos de la modernidad de lo que pensamos. El mejor homenaje que podemos hacerle al Maestro, es dejando atrás nuestras ideas arcaicas y retomando la idea universal que siempre ha llevado el mexicano en la sangre.

Publicado en Master Magazine

Michel Maffesoli La Aceptación Lúcida de lo Efímero


Por Miguel Ángel de Bernardi

El Hombre que acepta con lucidez lo efímero, está exento de lo trágico.

Está concluido el periodo histórico donde las preguntas del presente hallan respuesta en el futuro. Con esta atrevida hipótesis, Michel Maffesoli, modifica los valores primordiales que en su momento nos obsequiaron los pregoneros de la modernidad: un tanto por filosofía, otro más por maniobra comercial. Es triste, pero la filosofía del capitalismo está más cercana a la publicidad y la consecuente manipulación que a la búsqueda de la verdad. El amor a la sabiduría, ahora es apego a los bienes materiales y por ende, manipulación de la masa para que esta produzca lo que la “moda” económica ordene.

Unos apuestan a la tradición, otros al futuro. El mundo capitalista le apostó al futuro y ahora este, resulta incierto y hasta aterrador. Es una lástima que tengan que ocurrir sucesos tan sombríos como los perpetrados por los terroristas “sin rostro”, para que nos demos cuenta que el futuro ya se fue, que para muchos sólo fue un sueño y para otros paliativo en contra de su neurosis crónica.

Maffesoli nos muestra que lo trágico retorna a las sociedades posmodernas. Esta es una de las cimientes de su último libro, “El Instante Eterno” Según el autor, resulta inoperante otro tiempo que no sea el instante presente, el efímero. De nuestra lucidez para captarlo y contemplarlo, dependerá la eternidad.

Que atrevido y refrescante resulta Maffesoli al materializar una premisa romántica y hasta chamana, aunque por todos es sabido que el atrevimiento y desapego son necesarios en toda premisa filosófica que pretenda interpretar y aceptar el efímero hoy. 

Las sociedades privilegian el tiempo. Las tradicionales el pasado, la modernidad; al igual que otras épocas progresistas: el futuro. La decadencia romana y el Renacimiento acentuaron el punto presente, quizá como antitóxico para contrarrestar la decadencia.

Tiempo es acción. El enfrentar el presente, es un acto guerrero, que en instantes alcanza lo místico. El presente nos desenmascara, nos introduce a ese ámbito no mágico, aunque sí trasgresor. En ese presente muchas veces la cobardía se apodera de nosotros y nos callamos aquello que nos da miedo. Aunque resulte temerario, este punto de acción es necesario para alcanzar la luz que nos muestre quiénes somos. 

Es un hecho que la civilización actual no será capaz trascender su momento histórico, sólo por ser la Era de la digitalización. El individuo debe ir más allá de lo que la tecnología le ofrece como forma de vida, pues aunque a veces lo crea, la tecnología no puede ser un substituto del cerebro y mucho menos del pensar.

El presente es el espacio donde se aprende a ver y vivir lo trágico. Así podremos entender la práctica social, en particular la de los jóvenes, que en apariencia resultan desprovistas de sentido. Si se escuchara a Maffesoli, sin duda los métodos de enseñanza y aprendizaje tomarían otras condiciones, mucho más auténticas, aunque sin duda reaccionarias, pero ¿no es hora de aceptar aquello a lo que le tememos, sólo por ser diferente? ¿No ha llegado la hora de escuchar a los reaccionarios?

¿Acaso es inevitable lo trágico? Maffesoli, lo rechaza. Nos muestra que lo trágico es el destino comunal, no el del individuo. El Hombre que acepta con lucidez lo efímero, está exento de lo trágico, le resulta una asignatura superada. Del instante vivido sólo retenemos lo anecdótico y superficial, no la esencia. Es obvio que si se vive el instante como un lapso lineal, el hombre es breve, pero cuando el instante efímero es fugaz, se inserta en la cuarta dimensión, en esa donde el tiempo no existe más allá de un elemento anecdótico, más no esencial. Seria una aventura pensarlo, pero tiempo es instinto.

La vida no es otra cosa que una concatenación de momentos inmóviles. De instantes eternos de los cuales hay que extraer máximo goce. Esto resulta a partir del vislumbre del momento efímero. Desdichadamente nuestra cultura es conservadora y la contracultura aspira a ser institucional. Estamos educados a preservar. Incluso los Hombres más reacios en aceptar lo establecido, han terminado instaurando sus ideas y costumbres, sin importarles que estas resulten obsoletas o dañinas a su entorno. Esto lo vemos en Arte, Ciencia, Sociedad y Política. Es decir, en cualquier sitio donde esté involucrado el humano y sus muchos miedos.

Lo cotidiano es el verdadero principio de realidad, más bien, de surrealidad. Maffesoli ha llegado a la conclusión de que el momento efímero es tan intenso que se capta como un acto surrealista y de nosotros depende desentrañar el símbolo y a partir de él, desatar nuestras ligas inconscientes.

El renacimiento comunitario se basa en la vida tribal, vida banal; sin lugar a dudas. El Hombre que no sepa crear su propia existencia, tendrá que aceptar las premisas de la masa, para que esta lo premie aceptándolo y otorgándole algún símbolo de estatus que en un dos por tres, resultará obsoleto. En esa torpe fantasía encontrará su triunfo, ahí, en esa zona de estupidez donde sobrevivir significa, aspirar a lo que todos aspiran, ser lo que lo demás quieren que se sea. 

La realización individual o social es una conquista. Se inscribe en un proyecto mesurable, instantáneo, predecible racionalmente, aunque recordemos que para el Zen, el arquero está seguro de dar en el blanco concentrándose en sí mismo. En ese ámbito de pensamiento, no es la ex-tensión lo que importa, sino la in-tensión. Esta intención hará que con el tiempo los canales de la mente se sincronicen con el acierto, es decir, con la integración al cosmos. La vida es una tensión dinámica.

El Hombre moderno durante toda su vida se prepara para sobrevivir el porvenir.  Programa su sociedad, economía, placer y hasta felicidad. Sin duda, esta reacción es producto del Capitalismo imperante, que hasta antes de los acontecimientos ejecutados por los terroristas el 11 de septiembre, resultaba la única perspectiva para ver el mundo y vivir en paz.

Es difícil pensar que el individuo común, que vive a expensas de lo que ofrece la masa, pueda entender, y mucho menos aceptar que para ser, antes debe conquistarse, no enquistarse y pensar que el éxito depende del “triunfo” en las obligaciones laborales. La masa de hoy exclusiva y excluyentemente, cataloga al triunfo por sus beneficios materiales y de estatus. Necesita caer en crisis para tomar en cuenta otros valores. Crisis posmoderna significa no tener acceso al sueño capitalista y verse obligado a valorar al malogrado amor, la fallida familia, la nunca anhelada libertad, la precaria salud y hasta la inexistente felicidad.

Maffesoli plantea una conjunción entre comunidad y destino. Podemos hablar de “comunidad de destino”. Esto nos lleva pensar que el Hombre libre está fuera de las leyes del destino. Esto de ninguna manera quiere decir que su vida sea libre de obstáculos, sino que entiende la existencia como constante enfrentamiento.

Maffesoli nos conmina vivir diariamente nuestra muerte en lucidez fortificante. Considera que integrar la muerte a la cotidianeidad es el mejor medio para protegerse de ella o, al menos, una manera homeopática de sacarle provecho. Leer a este preclaro chamán de la filosofía, sin duda será un oasis para todos aquellos que gustan de la tan olvidada misión de pensar.

“El instante eterno”
El retorno de lo trágico a las sociedades posmodernas.
Michel Maffesoli

Espacios del saber 19, Paidós, 2001. 

Publicado en Excelsior

Y el resto del mundo se ha desarrollado lentamente. Einstein



Por Miguel Ángel de Bernardi

Tengo en mis manos la tercera edición de la última biografía de Albert Einstein. Está escrita por Sergio Nudelstejer. Con sólo recordar la figura del científico relativista y ver este Ahora, convulsionado por terroristas de rostro oculto, este Aquí, donde el colectivo se alimenta con las palabras: guerra, angustia, miedo “nuclear”; me doy cuenta que Nudelstejer, no se equivocó al elegir la figura de Albert Einstein, un “pacifista instintivo”, que en la relativa distancia de su existir, ya alcanza dimensiones cuánticas.

Al avanzar la lectura de la obra, esta va siendo necesaria, fraterna. La biografía nos lleva a conocer un Einstein sensible, que de manera instintiva observó los fenómenos de su tiempo, señalando  la profundidad y alcance de cada átomo de existencia. Una de las características del sabio, fue “su capacidad de asombro, afrontar cada cosa como si fuera nueva, como si todavía no hubiera encontrado lugar estable en el Universo”.

Einstein escribió en sus memorias: “Todas las religiones, artes y ciencias, son ramas de un mismo tronco. Todas estas aspiraciones están dirigidas a ennoblecer la vida del Hombre, elevándole de la esfera de la existencia meramente física y guiando al individuo hacia la libertad...”.

No es un libro para versados, sino para gente que comparte inquietudes, o vive ansiándolas. En cada página la amenidad se combina de manera atómica con lo profundo, entregando un retrato humano del científico. Acercándonos a su figura. Compartiéndolo con todos aquellos que vivimos lejos del entendimiento de las teorías científicas.

Sin duda Einstein tuvo una personalidad compleja. Hizo que cada partícula de su existencia se transformara en un acto apasionante. Odiaba casi todo lo que la mayoría de la gente ama: “La comodidad y la felicidad, nunca me han parecido una meta. Esas bases éticas me parecen las ideas del rebaño de cerdos...”.

Se sabe que cuando Einstein se graduó, sus perspectivas a futuro eran precarias. Una tía que lo ayudaba le suspendió una modesta pensión. Vivió grandes apuros económicos, aunque  sobrevivió gracias a su desapego de las cosas materiales. Quizá ese desafecto le quitó el lastre terrenal y lo condujo al terreno de lo eterno, lo indujo a ser un profeta. A caminar en ese Más Allá, donde se observa la curva del tiempo, es decir, la profecía donde el pensamiento se traslada a la materia.

Usando la relatividad del tiempo, Nudelstejer, a través de datos precisos, anécdotas y citas, nos trae al profeta, al Aquí y Ahora de nuestra relatividad existencial. Nos muestra el profundo humanismo del científico que alcanzó los niveles del mito.

En un intercambio epistolar que Einstein sostuvo con Freud, le escribe: “¿Existe la posibilidad de dirigir el desarrollo psíquico del Hombre, preparándolo de antemano contra psicosis del odio y de la destrucción?”. Más adelante le sugiere: “He podido comprobar que más bien es el “inteligente” el que sirve de blanco fácil para las sugerencias funestas de la colectividad”. Freud entre tantas cosas le contesta. “... En la horda primitiva, era la superioridad de la fuerza muscular la que decidía el dominio de cada cual y quién debía ser obedecido. La fuerza muscular fue secundada, muy pronto remplazada por el uso de instrumentos. La victoria pertenece al propietario de las mejores armas o a quien las use con más inteligencia. La invención del arma señala el momento en que la supremacía intelectual empieza a desplazar a la fuerza muscular; pero el fin de la lucha es el mismo. La violencia, a la postre, elimina al adversario, lo mata...”.

Mucho de lo relatado en esta biografía, proviene de la boca de Hans Albert, el mayor de los hijos de Einstein. En este libro caminamos en el espacio temporal de un artista de la Ciencia y un científico del Arte, que ayudado con del Don del Pensamiento, abarcó todos los terrenos de la existencia.

En el hoy el terrorismo ha desatado un sinnúmero de plagas. Una de ellas es el fanatismo. El mundo se convulsiona por fanatismo, y la gente anuncia más fanatismo. Sin duda es importante recordar que Einstein pregonaba: “Creo en el Dios de Spinoza, que es idéntico al orden matemático del Universo. No creo en un Dios que se preocupa por el bienestar y los actos morales de los seres humamos”. Es decir, Einstein, no creía en un Dios personal, pero sí en un Dios que es el orden intelectual del Universo.

De inmediato se percibe, que Sergio Nudelstejer, más allá de la minuciosa recopilación de datos, de las interminables charlas y debates, y el amor por la figura de Einstein; viajó en la relatividad del tiempo para en un instante compartir con el científico, “lo más hermoso de la vida, lo insondable”.

En su prólogo, el autor, dice que se sentirá hondamente satisfecho si el libro logra ser un homenaje a la figura de Einstein, una afirmación de su pensamiento y su incesante búsqueda de la armonía de la naturaleza y de sus valores.

“En la Ciencia no hay teoría eterna”, decía Einstein, pienso que en cuestiones literarias ocurre lo mismo, aunque aseguro que al terminar la lectura de esta obra, me siento hondamente satisfecho y en eterna deuda con Einstein, profeta y humanista, y unido en agradecimiento y admiración con el maestro Nudelstejer.

Albert Einstein
Un Hombre de su tiempo
3ª. Edición.
Sergio Nudelstejer
COSTA-AMIC EDITORES, S. A.
México, 2001.

Publicado en Excelsior 




Los Arquetipos de Jung y las Artes Plásticas




La cultura y la religión de los pueblos de la Tierra se encuentran repletas de representaciones de universos psíquicos cargados con increíbles matices y tonalidades, originados en los estados no ordinarios de conciencia.

Tanto Oriente como Occidente han tendido a incorporar en su arte los símbolos y figuras vistos por los chamanes y los místicos durante sus estados contemplativos. El psicólogo suizo Carl Gustav Jung descubrió hasta qué punto los mismos modelos (arquetipos) se repetían una y otra vez en lugares tan distantes como Europa, India, África y Norteamérica, lo que dio a su concepto de Inconsciente Colectivo un carácter universal hasta entonces no imaginado. Un clásico ejemplo es el mándala, el círculo guardián y protector que se ha utilizado desde tiempos inmemoriales (los egipcios representaron con él a Horus), y que Jung halló en las pinturas de sus pacientes que pasaban por experiencias confusas y oscuras.

La sincronicidad, tan nombrada como incomprendida, más que una explicación es una descripción objetiva del desarrollo de los fenómenos. En la naturaleza se daban coincidencias significativas mucho más allá de lo que la teoría de las probabilidades dictaba. En la mente de una persona podía aparecer un pensamiento coincidente con el de otra persona, o se podía producir un hecho físico vinculado con lo que alguien pensaba en ese momento, sin existir una relación entre causa y efecto. Sin embargo la coherencia en su desarrollo hacía ver entre los acontecimientos una relación sólo debida a su significado. No existía transmisión o influencia, únicamente coincidencias reveladoras de un orden natural que escapaba al conocido.
Jung especuló con la posibilidad de que la sincronicidad se debiera a una manifestación de lo psicoideo, la capa profunda del inconsciente, capaz de influir y modificar la realidad. Y es que cuando se ahonda en los conceptos de Jung, el inconsciente parece ser una vía de estructuración en lugar de un gran conjunto de datos archivados.

Al hablar de un orden natural que escapa a nuestros conocimientos retornamos a la hipótesis animista original, y es en este punto donde la teoría del colapso da sus primeros pasos. 

El Humor de Juan Rulfo


Por Miguel Ángel de Bernardi

Al maestro Juan Rulfo lo conocí después de una conferencia que ofreció en la sala Manuel María Ponce del Palacio de Bellas Artes. El dramaturgo Hugo Arguelles, nos presentó. Era un domingo caluroso, así que decidimos caminar para comer por las calles del Centro y refrescarnos en un bar cualquiera.

Rulfo era el silencio, una entidad magnética sumergida en sus pensamientos, en fuerzas obscuras. Mirando su silencio fue que comprendí que la intensidad creadora de un Hombre se mide por la batalla que libra contra su silencio.

Yo era un adolescente petulante que escribió, Chaneques. Me emocionaba hasta la euforia caminar junto a la leyenda que escribió Pedro Páramo y el Llano en llamas. Transitar el mundo al lado de un escritor que todos ansiaban conocer y casi nadie leer y mucho menos entender. 

Existen edades donde ser inmortal es asunto de palpitación, de palpar otra palpitación. La presencia del maestro Rulfo me emocionaba tanto que puede sincronizarme con la pasión. Él sabía que fascinaba repudiando. Ese era su magnetismo: un desprecio mítico a lo terrenal, una mirada penetrando las sombras.  

Cuando pasan los años, uno va descubriendo que la fascinación se llama de diferentes maneras, que se presenta con el rostro que ella elige. Es tal como el talento. Visita a quien se le antoja. También descubrí que la fascinación es conocimiento puro. Después de todo, fascinación es misterio. La única palabra que se me ocurrió decirle a Rulfo fue: Maestro. En ese momento me sentí bobo. Ahora sé que fui certero.

Un Maestro es una autoridad del alma. Yo sabía que en cuestiones de Literatura, Rulfo odiaba la solemnidad, que era apasionado de la literatura norteamericana y enemigo acérrimo de los falsos “genios” creados por los Sistemas. Sabía tantas cosas de él, y a la vez  nada, que me di cuenta que muchas veces el saber es un hueco en el alma que se llena con los huecos del cerebro.

Supuse que el terror desaparecería. Supuse tantas cosas, que terminé por no suponer nada. Minutos después estábamos a una mesa del bar La Opera. de él fue la idea o quizá la necesidad. Es claro que yo no me hubiera atrevido a invitarle un trago. Terminé mirando el ámbar de mi cerveza Bohemia y el movimiento de la cantina. La euforia se transformó en meditación, más tarde en silencio placentero. En ese momento, todos los presentes fuimos personajes del Maestro. Atmósfera de sus pensamientos.

Después de tres tequilas de él, otras tantas cervezas mías, y más de una hora de vivir ese silencio, Rulfo con sarcasmo muy propio, me miró a los ojos y con voz que provenía de ultratumba me dijo: ¿Qué tan importante es Dios?

La pregunta me desconcertó. Al parecer esa era su finalidad. Cuando estaba a punto de confesar mi desconcierto, Rulfo río con ironía y se fue al baño. Un minuto después me dijo: “Cuando uno piensa mucho, termina por no hacer nada. A mí me consideran un pensador. Por eso no hago nada”. Volvió a reír. En verdad se veía feliz, eternamente feliz en su nostalgia. “Vete al baño, muchacho. A ti también te hace falta tirar el miedo”.

Celebró el encuentro con un brindis que nadie escuchó. Quiso institucionalizar el encuentro y repetirlo una vez al mes. Después se negó con furia. Rulfo me prohibió volverle a hablar. No le gustaban los compromisos y menos los compromisos estúpidos con los que se envuelve la amistad.

Al parecer a cada uno, algo nos significaba el encuentro. Yo sin estar acostumbrado a ese tipo de encuentros dije: “En verdad es un acontecimiento. 
- Juan difícilmente ríe”. Me dijo Rulfo. luego Rulfo lo contradijo y con voz pausada hablo hacia donde nadie estaba: “La vida está llena de cosas que difícilmente se hacen o suceden, eso es la vida”. 

Siguió sonriendo. Al final dijo: “Para eso sirve Dios, para que los aterrados nos podamos reír. Sería bueno saber qué tan importante es uno para Él. Yo pienso que no mucho... salud”. Pidió más tequila. A mí me prohibió tomar más cerveza. No pude contenerme y le pregunté sobre su obra. Él me miró a los ojos. Ya no sonrió. Una lágrima corrió por su mejilla. En su mirada no existía el reto, sí la inconformidad, la rebeldía arcaica, un “llano en llamas”, un llanto en llamas. 

“Mi obra es una oración inacabada. Es la religión de un Hombre que a cada rato anda queriendo perder la fe y para que eso no ocurra, se confiesa frente a un papel en blanco. El papel es un confesor más cabrón que cualquier cura. Soy un Hombre que quisiera renegar, pero le da miedo quedarse sin ni siquiera algo para renegar. Te digo una cosa muchacho: en el fondo mi obra esta cargada de humor. Lo que ocurre es que la gente no entiende, necesitas ordenarle que entienda para que entienda. Lee mis cuentos pensando en esto que te digo. Te aseguro que te vas a miar de risa. Te preguntarás por qué y la respuesta es muy fácil: no es que escriba de fantasmas, me leen fantasmas y para acabarla de chingar, esos fantasmas no han encontrado a Dios ni conocen el humor y lo que es peor, no se han dado cuenta que son pendejos. 

Tuve la oportunidad de encontrarme varias veces con el Maestro. Siempre fue coincidencia y él la celebraba con euforia poco común. En él no existía lo común. Cuando yo hablaba de la coincidencia, él me callaba la boca con una frase: “Los compromisos terminan siendo más importantes que las gentes. Nosotros somos gentes, no de razón y mucho menos de compromiso. Así también es mi obra. De pronto alguien se la encuentra. Quiere volverla a tener, y ya no está”.

Publicado en la revista Siempre


 

Arte y Resentimiento



Por: Miguel Ángel de Bernardi

Sin duda la metáfora del Juicio Final, nace en el momento en que el Hombre se inunda de recuerdos. Una imagen, un nombre y hasta el nombre de un café, detonan la explosión de recuerdos. ¿Acaso el Arte no es el recuerdo y búsqueda de momentos añorados? A veces en pasado, aquí en le presente o en el más allá del tiempo.

Por arte de la nostalgia se comienza a ver la retrospectiva de la existencia. No existe el juicio, sólo la revaloración o el deshecho de aquellos momentos. Entiendo que sólo hemos vivido fechas, libros, lugares, personas, y todo lo que en verdad queda, es la emoción por lo existido y lo ausente, aunque largamente deseado.

¿Cuál es la chispa detonante que enciende la memoria? La misma de siempre: El recuerdo de aquel gran amor ausente, tal vez el perdido, ese que se fue sin explicación, aquel que se equivocó, el nunca encontrado y ese que a pesar de nuestra voluntad... perdura, aunque sea en presencia y costumbre.

En el hoy es natural encontrar jóvenes que desconocen el poder del amor y su pasión. Se dedican al arte por supervivencia emocional y no por vocación. El vacío existencial los abruma y les impide ver más allá de la neurosis. En el Arte encuentran una razón para ser y sentir. Ya es tiempo de que se den cuenta que usando su sensibilidad e inteligencia pueden cambiar este panorama de quejas y activar el instinto de trascendencia. El de ellos y el del público. Cuando esto ocurra, el conocimiento se transformará en una necesidad básica, no sólo en una herramienta para la queja y la supervivencia. El arte será otra vez la energía vital de los pueblos y el máximo recurso de la sensibilidad e inteligencia, es decir, de la felicidad.


El leer y la Sexualidad



Por: Miguel Ángel de Bernardi


Provengo de una sociedad mojigata, de una familia desinteresada en cuestiones sexuales y enfática en el qué dirán. Nací en un pueblo gazmoño del estado de Puebla donde el sexo sólo sirve para el escándalo, el sometimiento y de vez en cuando, para celebrar un bautizo o un velorio. Me gusta decir las cosas tal y como son. La Literatura me atrajo por su recóndito poder sexual de convocatoria.

Pienso que el ser humano nace con imaginación y no necesita justificarla. Mi infancia no fue la del niño culto que pretende ser escritor para ocultar deficiencias. No tuve ni abuelas brujas tampoco tías mágicas, primas solteronas, tíos ricos y mucho menos amigos del más allá. Por fortuna la anécdota ridícula inventada por la histeria menopáusica de tantos escritores, no está en mi currícula.

Tampoco fui el clásico niño “genio” orgullo de la de burguesía decadente. Ni el niño que entraba a la biblioteca de papá en busca del saber académico, pues mi padre no tenía biblioteca y mucho menos saber académico. Fui un niño que aprendió de la vida, de su infancia, no de los adultos, sino de los mismos niños. Aprendí lo que debe aprender un niño. Aprendí a jugar. Es mi máximo orgullo y con él que quiero aprender a vivir y si es necesario, a morir.

Por fortuna mi adolescencia fue divertida. Gracias a mis vecinas viví la promiscuidad en pleno. Ayudado por Lorena y Lizbeth, me descubrí, supe que me conocía y desconocía a través de mi sexualidad y de los tantos miedos, ayunos, goces, regocijos, deleites y etcéteras que ella me regala.

Ayudado por la apasionada sexualidad llegué a la Literatura con la idea de encontrar fórmulas para seducir. Lo más emocionante es que una noche, allá, cuando apenas contaba los once años, Marcela me vio leyendo “Las Aventuras del Capitán Singlenton”, se abrazó de mis piernas y... recargándose sobre lo más excitado de mi cuerpo me dijo: “Me gustaría que cuando seas escritor, escribas de mí”. Esa misma noche nos dimos a la tarea de escribir la historia, aunque por supuesto, antes la vivimos.

Han pasado los años, Marcela se ha convertido en una lectora insaciable. ¿Es que leyendo buscamos lo que ya hemos imaginado? De aquellos tiempos, recuerdo algunas lecturas, que ahora podrían considerarse cursis: “El Diario de Daniel”, “Los Verdes Años”, “Cándidas Palomas”. En todos ellas encontré parte de mí, esquemas de mi apetencia sexual que en aquel entonces nació con la furia de la adolescencia y del mismo modo que surgía, se encontraba con un mundo ajeno a mis deseos.

Un día llegó a mis manos “La Dama de las Camelias”. Mi vida fue otra a partir de ese libro. Nunca pensé que alguien pudiera vivir una pasión con tal intensidad. Me pasmé. Quise que la Literatura diera respuesta a las preguntas que me surgían y oportunidad a los éxtasis que se me presentaban. A partir de ese momento, mi vida no se cuenta en años, sino en libros.

Una tarde, cansado de desear, decidí vivir mi vida y vivir mis propios libros. Ahora sé que a partir de ese momento, escribir comenzó a ser una forma de vida que a lo largo de mi existencia he compartido con mis amigos y mujeres. Ellas han sido amantes y protectoras, ellos mis contradictorios escuchas y necios cómplices.

En un libro puede encontrar la exaltación, pues en las letras se esconden los deseos y decesos más hondos, intensos e insondables. Con ellos creamos mundos fascinantes. Es por eso que me doy cuenta cabal, que si los adolescentes entendieran que un libro, aunado a la imaginación puede ser una compañía intensa, una posibilidad de la mente sensual, una alquimia creadora de fantasías, que tarde o temprano se cumplirán; el amor sería más intenso, la soledad menos intrusa, la melancolía un acto creador y los libros, el mayor anhelo y el éxtasis del sentir.


José Saramago en el Foro Mundial Social

J

Por: Miguel Ángel de Bernardi

José Saramago, leyó un texto conmovedor en la clausura de del Foro Mundial Social, que este febrero se reunió en Porto Alegre Brasil. La parte medular de su texto habla de una vieja anécdota sobre la Justicia:

“Estaban los habitantes en sus casas trabajando los cultivos, entregado cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos (hablamos de algo sucedido en Florencia el siglo XVI), las campanas tocaban varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a la espera de que les dijesen por quién deberían llorar.

“La campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló. Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el muerto. 'El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar la campana', fue la respuesta del campesino. 'Pero, entonces, ¿no ha muerto nadie?', replicaron los vecinos, y el campesino respondió: 'Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta’”.

¿Qué había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras, metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la justicia. Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces, desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en ella) la muerte de la Justicia.

Tal vez pensase que su gesto de exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras, lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y con el alma rendida, a la triste vida de todos los días. Es bien cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo...”

¿En cuántos lugares del mundo ocurre lo que en aquella aldea florentina? Lo peor del caso, es que a la Justicia la matan no los grandes villanos de la Historia, sino la gente común y corriente que siente que el valor de lo justo, ya le estorba para poder sobrevivir económica y emocionalmente.

Saramago esa noche habló fuerte de “lo que todos tenemos derecho a esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable para la vida es el alimento del cuerpo”.

El Premio Nobel abogó por la Justicia que emana espontáneamente de la propia sociedad en acción, la que se manifiesta, como ineludible imperativo moral, el respeto por el derecho a ser que asiste a cada ser humano. Una justicia protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus negaciones.

También recordó el código de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y sus treinta derechos básicos y esenciales “de los que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad y la libertad del campesino de Florencia”.

Fue contundente cuando sugirió que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “tal y como está redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los seres humanos”.

Del dicho al hecho, hay mucho trecho, aunque lo dicho, haya sido dicho por un premio Nobel de la seriedad de José Saramago. Sin embargo, es reconfortante saber que el Hombre aún aspira a la Justicia y que el campesino de Florencia, hoy a través de un intelectual, tañe la campana para recordarnos lo que sistemáticamente hemos matado: La Justicia.

Publicado en la revista Siempre


Existen Hombres Desmesurados Pellicer



Por: Miguel Ángel de Bernardi

Al poeta Carlos Pellicer lo conocí una tarde frente al Palacio de Bellas Artes. El calor resultaba sofocante, quizá tanto como mi incapacidad de entender mi adolecencia. Fui con la idea de comprar boletos para un concierto. La verdad es que ni siquiera recuerdo cuál. La ciudad ignoraba a los desesperados, yo le resultaba un incógnito. Es por eso que decidí guarecerme de la existencia en esos parajes prohibidos donde el único exceso es el pensamiento. 

El maestro de las odas tropicales caminaba rumbo al Palacio de Bellas Artes, disfrutando ser un desconocido y a sabiendas que su presencia irradiaba fuerza. Su paso no era apresurado, pues su eterna duda mística, le daba la potencia de la exactitud. Yo era un adolecente de catorce años. Alocado e incapaz de controlar mi energía. Él, un anciano niño, adolescente, eterno de vitalidad poética que siempre colindaba con los extremos. Emanuel Carbalo, en sus “Protagonistas de la Literatura Mexicana”, con su acostumbrado acierto lo ha considerado un exagerado, pero eso me lleva a recordar una ocasión en que el maestro y yo hablabamos de exageraciones y él me dijo: “Yo soy como es la vida. Si la vez muy templada, allá tú y tus puntos de referencia. No le temas a la exagereación, sí a la indiferencia”.

Su píel bronceada despedía el aroma de la selva. Era un hombre de lima y guanábana. Siempre parecía emergir de una catarata de aromas y colotres. Era un maestro en cuestiones de vida, más allá de la Literatura y la pintura que tanto lo apasionaba. Él lo sabía, se sabia. Atrapaba con los ojos, que resultaban abismo magnético, más tarde sus palabras, eran vuelo sobre aquel abismo, seguridad y aventura... por qué no: contradicción. Hablar con él era un peligro excitante, adrenalina, belleza selvática y fluido energetico que se desbocaba en los ríos de su energía.

Al final de cada frase, atrapaba con el aura de su pensamiento. No eran sus ideas, sí su luz que se transmutaba en ese torrente de frescura que emana de los pensamientos que han horadado la tierra y ya son el líquido cristalino y potable que brota siendo manantiales frescos.

Ya me perdí en divagaciones, pero esa fue su ensañanza. “Un poeta no busca la exactitud, divaga. De pronto sabe que ha llegado el momento exacto, eso que hemos definido inspíración”. Regresemos al encuentro con el Maestro. Tres de la tarde, una hora ilusa, primitiva, no apta para la soledad. Todo era silencio. ¡Tórrido silencio! La ciudad seguía su trajín siendo perseguida por el chaneque del tiempo. Hubo paz por un instante. Fue cuando nuestros ojos coincidieron después de mirar fijamente a la musa que enfrenta el palacio. No me atreví a sostenerle la vista. Era un hombre de poder. Un sacerdote de la fuerza, un oficiante de del sagfrado rito de la creación... un chamán más allá de lo cualquier estudio cotidiano.

Asustado caminé rumbo a la Alameda. A mis espaldas sentí su presencia magnética. Él me dijo con aristocrática sencillez. Acabamos de verle las nalgas a la mujer más bella de México. Quiero ser tu maestro. Si lees a Pellicer debes estar bastante confundido.

- ¿Cómo sabe que leo a Pellicer?
- Traes bajo el brazo “Esquemas para una oda tropical”.

No supe qué decirle, pero sabía que mi amistad con ese gran maestro, sería eterna, pero ¿quién era?

Le pregunté cuál era su ocupación. Me dijo que era diseñador de Nacimientos. Prometió explicarme después. Sin que mediara algún trámite, me invitó a comer a la “Copa de Leche”. La propuesta fue clara: hablemos de marmol y sangre. Tu nombre así lo dispone. Veamos que te ha heredado Buonarati.

Por sugerencia suya ordenamos crema de frijol y después cerdo con verdolagas. Al final helado de vainilla. Durante el café hablamos del sabor de las flores, de los Rosacruces, apareció la reencarnación. Terminamos sumidos en el misticismo del poeta, en la intensidad de la vida y del calor. Antes de despedirnos me preguntó: ¿”Qué haces aparte de usar como pretexto la compra de boletos para un concierto para huir de la preparatoria? Orgulloso le contesté: escribo poesía.

- Yo también. Que interesante, tenemos magnetismos afines.
- ¿También escribe poesía..?
- Soy poeta porque no pude ser futbolista... me llamo Carlos Pellicer y me río así, porque así me gusta. Mañana por la tarde te espero allí mismo donde nos conocimos para seguir admirando el trasero de la musa y me leas alguna de tus poesías. Que nunca se te olvide: soy tu maestro.

Efectivamente se conviertió en mi maestro. No digo con mi amigo, pues para mí es más importante un maestro que un amigo. Un día, agobiado por sus males físicos, me dijo: “Soy homosexual, pero no en un afán femenino como la mayor parte de jotos, yo soy masculino. Admiro a los hombres y para eso no tengo que ser mujer. Es más difícil elegir a tus dioses que a tus demonios.

Era feliz colindando la magia con el terror. Consideraba inevitable el vínculo paralelo entre sus pasiones y la Naturaleza. Era un Dios que no gobernaba sobre la selva, sino era resultado de la maquinaria selvática. Una vez escribió en mi cuaderno: “Algo me dice, que todos los meses de mayo, renaceré pór una horas. No sé si sea el delirio de la muerte o simplemente el decreto del cosmos, pero así será”.

Nuestra amistad fue breve. Él murió poco tiempo después. Ese día en un acto ritual quemé las poesías que había escrito bajo su supervisión. Quise que el humo de mis letras le resultara un homenaje. Después enterre las cenizas al píe de una palmnera. El maestro me había enseñado que la inspiración se atrae con rituales de vida. Ese es el verdadero magnetismo creador y humano.

Guardo su aliento poético, la fuerza de sus palabras. Su capacidad selvática de exagerar la realidad hasta convertirla en microcosmos poético que al trasladarse a la mente del lector, le daba la posibilidad explotar en clorofila. Ante todo guardo la mística que vivió a través de la Naturaleza y la efímera eternidad de sus letras.


Los poetas de México, a pesar de su muerte, vibran en el aire, otros vibran a pesar de su vida. Los muertos saben que algo en el ambiente predice su regreso. Los vivos, preparan su partida. Unos buscando la gloria del anonimato y otros la plácida lucidez de la incomprensión. Yo sé, Pellicer me lo dijo: “Un día reencarnare en la piel de cada ser humano, entonces seré el animal de sus pasiones ”.  ¡Gracias Maestro por renacer en mayo y perdurar por siempre!

Publicado en la revista Siempre

Poe relatado por Baudelaire



Por: Miguel Ángel de Bernardi

El poeta Charles Baudelaire vivió apasionado por las letras. Además de ser un gran escritor, fue el crítico literario más importante de su tiempo y un insistente investigador de los “Paraísos Artificiales” y los recovecos del talento artístico.  

Se auto proclamó gambusino de la Literatura. Una de sus obsesiones fue encontrar plumas y pensamientos afines. Consideraba que al localizar escritores de ideas similares, podría establecer una sincronía estética y llenar el hueco existencial que siempre lo acechó, quizá desde su infancia desarraigada.

Leía todo lo que llegaba a sus manos, como si en ello le fuera la existencia. Un día, en su afán de practicar el inglés, lengua que le enseñó su madre, descubre a un escritor norteamericano, casi ignorado en su país y prácticamente desconocido en Europa. Al leerlo, Baudelaire se apasiona hasta el delirio. Por fin encuentra el diamante buscado desde niño, al fin halla el arraigo. Había descubierto para sí y para la Literatura Universal nada menos que a Edgar Allan Poe.

Baudelaire de inmediato dedujo que Poe era un Hombre fiel a su genio que no encontraba acomodo ni en la sociedad democrática ni en la aristocrática, tampoco en una república ni en una monarquía. Dedujo que Poe, al igual que él era un Hombre marcado por el sello de la soledad.

De inmediato se puso a investigar más de Poe. Lo que sabía de él, no le era suficiente. La investigación alcanzó los niveles de la obsesión. Fue entonces que decidió “escribir la historia de uno de esos ilustres desventurados. Demasiado rica en poesía y pasión, que ha venido, después de tantos otros, a hacer en este bajo mundo el rudo aprendizaje del genio entre las almas inferiores”.

“¡Lamentable tragedia la vida de Edgar Allan Poe! ¡Su muerte, horrible desenlace, cuyo horror aumenta con su trivialidad! De todos los documentos que he leído he sacado la convicción de que los Estados Unidos sólo fueron para Poe una vasta cárcel, que él recorría con la agitación febril de un ser creado para respirar en un mundo más elevado que el de una barbarie alumbrada con gas, y que su vida interior, espiritual, de poeta, o incluso de borracho, no era más que un esfuerzo perpetuo para huir de la influencia de esa atmósfera antipática”.

Al escribir eso de Poe, escribía su propia tragedia. Baudelaire no encontraba acomodo en ninguna parte, era ajeno a todo y a todos. Tal como él dijo de Poe, también estaba tocado por el “maldito sello” de la soledad.

Baudelaire supuso que Poe pudo ser un autor de dinero -a money making autor-. Ser aceptado por la sociedad mojigata de su tiempo, pero nunca se doblegó. Nunca aceptó ser como le ordenaban ser. La realidad es que al autor de las Narraciones extraordinarias, los editores le pagaban menos que a otros, pues aducían que escribía con un estilo demasiado por encima del vulgo y que la gente casi no lo leía, pues no alcanzan a entenderlo. Es decir, le reprochaban su cultura y el no confundirse con el vulgo.

Baudelaire aseguraba que la sociedad Norteamericana, había destruido el genio de Poe. “Uniendo la falta de inteligencia más abrumadora, a la ferocidad de la hipocresía burguesa, le han insultado a porfía, y después de su repentina desaparición, han vapuleado ásperamente ese cadáver”.


Al igual que el ejemplo de Poe, en el arte y en todos los campos de la vida, existen miles de seres que viven con el estigma de la incomprensión. El humano que decide no ser una copia de sus semejantes, aunque estos vivan sumidos en la tontería, padece la incomprensión y el desprecio tajante. De inmediato es tachado de loco o de enemigo. Es claro que el Hombre común sólo acepta a su igual y desprecia a quien se aventura a ser diferente. Es por eso que quien logra imponer un nuevo pensamiento, adquiere calidad de mártir, más tarde de héroe y por último de panfleto. 

Publicado en la revista Siempre