Por: Miguel
Ángel de Bernardi
Hola querido
Oscar:
No me detengo
en saludos, no son necesarios cuando las personas se vibran. Ayer cuando nos
despedimos en el club, dejamos un tema inconcluso. Hablábamos de que muchas de
tus obras existen gracias a la necedad de quienes te pedimos que escribas lo
que por las noches nos cuentas entre copa y copa. La gente no lo sabe, pero
gran parte de tu trabajo literario, es producto de tu apasionada conversación.
Antes que nada
te diré que me halaga el haberte conocido. Recuerdo que un día perturbado por
el placer que te producía hablar de… ti, me dijiste que no te conoces, que no
sabes quién es Oscar Wilde. Aquí te narro un poco de lo que sé ti: Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde.
Recuerda que
quien ve desde afuera la partida del ajedrez, siempre goza de la perspectiva de
cada movimiento y por supuesto que cree adivinarlos todos. Lo más probable es
que a mí eso me ocurra, pero no quiero dejar de decirte qué veo en ti. Espero
que te resulte divertido y emocionante. En los genios como tú, la emoción
supera a la idea, lo sabes y lo vives constantemente. Me lo has dicho muchas
veces y yo lo veo y lo creo.
Es una
aventura fantástica irrumpir en la vida de un artista como tú. Eres un hombre
al que tus admiradores no le hemos permitido ser humano. Un Dios que no pudo
ser Hombre. Empecemos de nada. Como primer enunciado te diré que tu nombre,
Oscar, es en honor a tu padrino, el rey de Suecia y Noruega. Tu segundo nombre,
Fingal pertenece a un héroe gaélico, padre Ossian y vencedor de los enemigos de
Erin. O'Flahertie. Ya recuerdo, es un homenaje que tu madre rinde al primer
historiador de Irlanda y Wills es un nombre céltico, ya que tú llevas sangre
celta en las venas y en la imaginación.
Naciste en octubre
de 1854. Es decir, tu signo es: Libra. Quizá estas lucubraciones astrológicas
no te resulten culminantes, pero a pesar de ello, lo son. Confía en mí, o más
bien, en los astros, que será como confiar en ti. Como es tu arriba, es tu
abajo, reza el apotegma hermético y tú sabes mucho de eso.
Trataré de
“traducirte” el lenguaje astral. Veamos... por el horario y fecha de tu
nacimiento, tu intelecto es Escorpión, de gran profundidad intuitiva, aunque
con necedad contundente y sarcasmo arrollador. Lo sé. A san Agustín y María
Antonieta les ocurría lo mismo y no es casualidad. También fueron de intelecto
Escorpión. Mente fascinante, aunque siempre ensimismada.
Para ti, Venus
vibraba en Libra. Es decir, tu capacidad afectiva la basas en equilibrar: “para
mirar en los otros, tu propia belleza”. Es por eso que sublimas a la gente que
amas, para reflejarte en ella.
Marte
transitando en Sagitario, Wilde. Interesante, ¿no te parece? Eso nos indica que
buscas lo desconocido, aquello que es lejano a tu mentalidad, aunque no a tu
percepción. En el retrato de Dorian, hablas hasta de los teponaztles mexicanos.
Siempre buscas lo remoto, lo exótico. Eres un arquero que apunta al sol.
Júpiter rige
tu área Capricornio. No se diga más, vives una fuerte disciplina intelectual,
ayudada por la capacidad innata de expandir el conocimiento concreto. No
repites lo ya sabido. Creas, mitificas y destruyes. Eres un creador incapaz de
lo mediocre.
Sigamos: tu
parte Saturno es gobernada por Géminis, lo que indica que tu status emocional siempre es
contradictorio. Urano domina Tauro, lo que nos muestra que tu capacidad de
cambio siempre la has cimentado en cuestiones terrenas, es por eso que te
importa tanto vivir holgadamente en lo económico y la pobreza te destroza,
aunque posees gran capacidad para apaciguar tus carencias creando un mundo
afectivo maravilloso, aunque no muy satisfactorio. Mientras no posees poder
económico, no te sientes libre, las limitaciones monetarias te atan, píes y
manos, aunque no imaginación.
Para ti, Neptuno
nada en Piscis, lo que nos habla de tu titánico sentido místico, no por eso
menos soñador. Quizá de ahí te provenga el deseo de experimentar con alcohol y
drogas. Nunca olvidaré las muchas noches que compartimos las locuras del whisky
y las alucinaciones del ajenjo.
Continuemos.
Wilde, Wilde, me doy cuenta que Plutón habita en Tauro. Esto nos indica que
eres un hombre que ama la riqueza y cuando te es posible utilizarla para
adquirir poder, lo haces. No es muy cristiano, pero tus ironías y sarcasmos le
encantan hasta a Cristo.
Tu luna está
en Leo, es por eso que los ciclos del satélite espejo te afectan tanto, tal y
como le ocurría a Shakespeare. No hablo sólo en cuestiones emocionales, sino en
asuntos del ego. De acuerdo a la intensidad de la luna es la intensidad de
reconocimiento de tu ego.
Dejemos a un
lado a los astros. Me enternece hablar contigo. Saberte tan cerca y tan
distante. Ahora, te comentaré de algunos aspectos de tu vida. Hagamos uso de la
psicología, que aunque no aclara ningún mito, sí es capaz de crearlos.
Fuiste el
segundo hijo de Sir William Wilde, un célebre médico ortocirujano, arqueólogo,
escritor; recuerda que escribió un libro capital en la ciencia médica: Cirugía del oído. Él era muy bajo de
estatura y rostro simiesco. Que lejano a ti. Además fue desaliñado, promiscuo y
engendró hijos fuera del matrimonio, lo que en tu época resultaba terrible.
Cuando tú
cumplías diez años, él fue llevado a juicio. En aquel entonces dijiste que te
encantaría pasar por lo mismo, pues daba notoriedad. También llegó a los
tribunales, sólo que él, acusado de haber violado a pacientes después de
anestesiarlas con cloroformo. ¿Lo recuerdas? Yo sé que sí. Los recuerdos de
infancia siempre fueron definitivos en tu obra.
Esto no te va
a gustar, pero tengo que decirte que repetiste la trayectoria de tu papá. Sin
duda aquel enjuiciamiento a que fue sometido, influyó tu mente. Analízalo. Sé
que eres lo suficientemente agudo para llegar a conclusiones profundas e
interesantes. Sé que ver a tu padre enjuiciado, te escandalizó, pero más tarde
demostrarías que para ti, el escándalo es una forma de notoriedad.
Tú siempre
quisiste ser inmortal, eterno, así como Dorian. Tu mente intuyó el camino.
Prefiero saber que cuando moriste en la ruina, más que sufrir, lograste intuir
tu grandeza. Continuando con la psicología, te diré que cuando tu adorada
hermana Isola Wilde, muere a los diez años, quizá recibiste el más duro golpe
que te haya dado el destino. Esto aunado al desprestigio de tu padre, acelera
la caída de tu familia. Un tiempo después, dos de tus hermanastras mueren en un
baile, cuando a una de ellas se le incendia el miriñaque y la otra, tratando de
auxiliarla, también se incendia. Muerte bufa, no por eso menos trágica. Quizá
ahí fue que tu sensible mente relacionó baile, fiesta y desgracia. Así lograste
tu adorada combinación de sarcasmo, donde la desgracia es risa y la risa
inteligencia.
En ese momento
tu padre se aisló. Sus pocos amigos le dejaron de importar, fue consumido por
la depresión y acrecentó su necesidad de beber. No se sabe si murió de
alcoholismo o simplemente porque no deseaba vivir. ¿Encuentras paralelismos o
analogías con tu muerte?
Después de la
muerte de tu padre, tu madre se proclamó feliz, aunque sin un centavo en la
bolsa. Quizá de ahí tu idea literaria de que la pobreza purifica. Vayamos con
tu madre. Jane Francesca Elgee. ¿Será que en momentos tomaste a tu madre en
calidad de musa? No es raro, ocurre a menudo.
Viviste los
arranques de tu madre cuando mostraba su extrema ambición, arrogancia, vanidad,
todo aderezado por su dramática teatralidad. Sin duda fue una mujer
excepcional. Alta, distante, inteligente, como tú. Representaba la asexualidad.
Fue fría y resentida con el sexo masculino. Eso la llevó a casarse con un salvaje
como tu padre. ¿Qué diablos hacía una mujer de esas características casada con
un tipo como tu padre? Porque te aclaro que no casó obligada. La respuesta es
sencilla, Speranza casó por status.
Después, para ella el status resultó
sinónimo de bienestar. ¿Acaso no te ocurría lo mismo? ¿Por qué te inclinas:
astros o psicología?
“Los hijos
heredan la estupidez de los padres”. ¿Recuerdas la frase? Regresando a ti, me
enteré de que fuiste hijo no deseado, ya que Speranza, tu madre, quería una
niña. Por ello te convirtió en la nena del hogar. Hasta los diez años fuiste
vestido y tratado como niña. ¿Realmente fuiste homosexual o es que te obligaron
a manifestar tu parte femenina en pro de la patología de la madre? Ya sé que
después manifestaste una abierta tendencia homosexual, pues sentías que ahí
encontrabas afecto, ya que en tu infancia, siendo femenino lograbas la
aprobación de mamá.
Wilde, tu vida
estuvo plena de idealización. Primero te hablé del juicio de tu padre, ahora de
la idealización de la niña que te obligaron a ser. Cuando estuviste en prisión,
escribiste de tu madre: “... ella es muy buena y muy indulgente... murió
mientras yo estaba aquí, esto ha dejado un gran vacío en mi vida... siempre le
tuve un profundo amor y una gran admiración. Es una mujer profundamente
idealista. Yo no he conocido a nadie que tuviese una fe comparable a la de mi
madre. Fue una de las grandes figuras del mundo”. ¿Muy buena? Vaya capacidad de
idealizar. Tu madre fue un monstruo.
En De Profundis escribiste: “Una semana
después me trasladaron aquí. Pasaron meses y murió mi madre. Nadie mejor que tú
puede saber lo profundamente que la amé y veneré. Su muerte fue terrible para
mí. Yo una vez fui dueño y señor del lenguaje, no tengo palabras para expresar
mi angustia y vergüenza”.
¿Será que
siempre viviste encarcelado? ¿Dónde o en qué? Me atrevo a decir que en la brutalidad de tu padre y la locura de tu
madre. ¿Qué es De Profundis? Eso, un
escrito sublime y animal.
¿Hasta que
punto tu energía inconsciente te llevó a la cárcel? ¿Cuál es el motor de esa
materialización? En tu caso, supongo que la culpa. Culpa por no haber nacido
mujer. Culpa que tratabas de enfrentar cuando te pusiste cara a cara con
quienes te acusaban de sodomía.
¿No se te hace
interesante que tu padre haya sido un gran médico otorrino y tú hayas muerto
del oído? Pienso que nunca fuiste tú, que fuiste algo que tuviste que ser para
ser aceptado. Un Dios que no pudo ser hombre. Siempre fuiste la búsqueda de lo
que no es, pero tu vacío te indicaba que así alcanzarías lo sublime.
Vayamos con
Willie, tu hermano dos años mayor que tú. Willie no fue rechazado por tus
padres de manera tan tajante como tú. El fue el preferido de tu madre. Al igual
que tu padre fue desobligado y alcohólico. No pretendió entrar al mundo
Literario. Hubiera sido como retar a tus padres. Se conformó con ser
periodista. Es decir, continuar con el vínculo, pero no trascenderlo, como
hiciste tú. La relación con tu hermano se caracterizó por la envidia y el odio.
Al igual que la relación que Wilde sostuvo con los escritores de tu época.
¿Wilde encontraba en los otros escritores a su hermano?
Un personaje
interesante es tu hermana Isola. Tres años menor que tú. Murió a los diez años
y al igual que a tu madre, la idealizaste. “Es un ser maravilloso, tan alegre,
tan inteligente, es un rayito de sol”. Se te olvida que la tristeza y la
soledad que sentías la sublimabas visitando constantemente su tumba.
La clave para
entender tu estructura literaria es sencilla: trabajas los contrastes. Lo importante
es que en ese enfrentamiento logras que la belleza surja. Ahí enfrentas lo
sublime con lo vano. Dándole prioridad a lo vano, lo ridiculizas hasta
convertirlo en paradoja. “Asesinamos a lo que más amamos”.
Oscar, tu vida,
tal como tu obra, fue la idealización materializada. Con tu genio y tu tragedia
lograste el dramático equilibrio entre lo grosero y lo culto, lo sutil y lo rudo,
fuerza e inteligencia, materia y espíritu, fealdad y belleza, egoísmo y
entrega. Gracias por eso, gracias por tus desequilibrios y por tu talento, Wilde.